Modelo de informe sobre un problema ambiental: la destrucción del cangrejo fluvial autóctono.

Cangrejos

Lydia Morales Ripalda

NOMBRE DEL PROBLEMA

Riesgo de extinción del cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes)

IMPORTANCIA DEL PROBLEMA

Severa, ya que esta especie que poblaba abundantemente los cauces españoles hasta mediados de los años 70 del siglo XX casi ha desaparecido y no parece haber posibilidad de revertir el proceso. Es un problema que los habitantes de las zonas rurales han visto surgir y crecer ante sus ojos. Las meriendas organizadas alrededor de grandes cazuelas repletas de cangrejos de río  eran un clásico de la vida española de hace unas décadas, especialmente en los pueblos.

DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA

1) QUÉ SUCEDIÓ

A mediados de los años 70 el sector pesquero introdujo en España dos especies de cangrejo fluvial foráneas, el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) y el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus). Aunque su calidad culinaria se consideraba menor, su potencial reproductivo era mucho mayor que el del cangrejo autóctono y eso permitía aumentar las capturas y expandir el mercado. Las especies alóctonas tienen una madurez sexual más temprana y realizan puestas de entre 100-200 huevos (el cangrejo señal) y 200-900 huevos (el cangrejo rojo) por los 50-75 huevos del cangrejo autóctono. La primera introducción se realizó en la cuenca del Guadalquivir, donde había una industria cangrejera boyante capaz de colocar su producción en los mercados mayoristas. Los animales se importaron desde Louisiana (EEUU). En 1978 se siguió el ejemplo andaluz en la Albufera de Valencia y en 1979 en el Delta del Ebro y en Zamora. A partir de aquí la colonización de los cursos fluviales españoles fue imparable y no tardaron en aparecer problemas medioambientales inesperados.

2) CUALES FUERON LAS CAUSAS

La brutal regresión de la población de cangrejo autóctono tuvo dos causas asociadas a la introducción de las especies alóctonas. 1) Muertes masivas por afanomicosis, enfermedad producida por un hongo que transmiten las especies foráneas, pero al que ellas son resistentes. 2) Ocupación de su nicho ecológico por las especies foráneas, más prolíficas y agresivas. Además, el cangrejo autóctono es mucho más vulnerable a la degradación de los hábitats fluviales, ya que necesita aguas puras y con abundante calcio. Las especies alóctonas, en cambio, soportan mejor la contaminación orgánica derivada de las explotaciones agropecuarias y de los tóxicos de la actividad agrícola.

3) CUÁNDO

El problema se manifestó en toda su crudeza en la década de los 80 y desde entonces la regresión de la especie se ha mantenido imparable.

4) DÓNDE

Prácticamente todas las cuencas de España y Portugal se hallan afectadas. Las pocas colonias de cangrejo autóctono que sobreviven se encuentran en la parte alta de los cauces en zonas de montaña o en áreas aisladas de las cuencas principales. Las poblaciones están muy fragmentadas, habitan zonas marginales de su hábitat previo y ocupan, además, tramos muy reducidos.

CONSECUENCIAS

Actualmente quedan poco más de 700 pequeñas poblaciones de cangrejo autóctono en toda España y la tasa de desaparición de población oscila entre un 30-50% cada 5 años. La extinción de la especie puede ser un hecho en pocos años, por tanto. Casi todos los cauces españoles están infectados por el hongo Aphanomyces astaci causante de la afanomicosis, lo que hace inviable la reintroducción de la especie, ya que su mortalidad es del 100% en contacto con este parásito. La pérdida de las poblaciones de cangrejo autóctono ha producido un aumento de la eutrofización de sus hábitats. Las especies de cangrejo foráneas han causado, además, un impacto muy negativo sobre los anfibios (por la depredación de sus huevos) y los patos de hábitos fitófagos (por la presión que ejercen sobre la vegetación fluvial). También han colonizado áreas agrícolas (especialmente arrozales) en la región de Valencia, las marismas andaluzas y el Delta del Ebro ocasionando daños serios a los cultivos y perforando acequias y motas.

QUIENES PARTICIPARON (BENEFICIARIOS Y PERJUDICADOS)

Como ya se ha indicado, en el origen del problema está el sector pesquero que realizó la introducción de las especies foráneas en España por criterios de negocio. En la expansión del problema ha contribuido también el colectivo de los pequeños pescadores, entre quienes la conciencia medioambiental suele ser baja. Ellos han tenido un papel activo en la propagación del hongo de la afanomicosis con sus útiles de pesca no desinfectados y, en general, no comprenden que en determinadas zonas fluviales su presencia puede ser peligrosa para la especie amenazada.

La desaparición del cangrejo común de los ríos españoles ha supuesto la pérdida de un alimento habitual en la dieta de las zonas rurales, ya que este crustáceo fluvial aportaba proteínas de primera calidad, pocas grasas y aminoácidos esenciales. Su pesca llegó a ser un complemento económico importante para muchas familias del campo. Hoy todo eso se ha perdido.

POSTURA DE LOS COLECTIVOS IMPLICADOS

Sector pesquero — La introducción de las especies foráneas aumentó el volumen del mercado del cangrejo fluvial y le generó notables beneficios. Los problemas medioambientales derivados de esa introducción no han movido al sector a toma de postura alguna.

Colectivo de pequeños pescadores — Han reaccionado negativamente a la prohibición total de pesca del cangrejo autóctono y, a pesar de las sanciones, el furtivismo sigue siendo habitual, contribuyendo a deteriorar aún más la situación de la especie.

Astacifactorías — Al objeto de que el patrimonio genético del cangrejo autóctono no se perdiera, se abrieron diversos centros de cría en cautividad. La astacifactoría que mejor funciona es la de Rillo de Gallo (Guadalajara). Todas dan por hecho que la recuperación de la especie es imposible, a pesar de ser quienes aportan los animales con los que se intenta repoblar ciertos cursos y masas de agua muy seleccionados.

Agricultores arroceros — Desde que en los años 80 los arroceros de las marismas andaluzas elevaron las primeras protestas por los daños producidos por el cangrejo rojo, las quejas del sector han sido constantes. De momento la plaga es un problema sin solución.

PROPUESTA DE SOLUCIONES

1) MEDIDAS TOMADAS POR LA ADMINISTRACIÓN Y ESTADO ACTUAL DE EJECUCIÓN

1) Prohibición de pescar el cangrejo autóctono y sanciones a los infractores. Se ha incrementado la persecución, pero el furtivismo continúa.

2) Normativa para la pesca del cangrejo rojo que obliga a sacrificar a los animales capturados nada más pescarlos para frenar su venta en vivo y su propagación. Se vigila que así sea, pero el incumplimiento sigue siendo alto porque el valor culinario del crustáceo aumenta si se cuece en vivo.

3) Planes de cría en cautividad del cangrejo autóctono y búsqueda de hábitats idóneos para su reintroducción. Los resultados están siendo pobres, porque apenas quedan hábitats adecuados dada la infección generalizada con el hongo de la afanomicosis.

4) Protección de los hábitats donde queda alguna colonia. Cualquier actividad nueva en el entorno de estas poblaciones debe ser comunicada a la autoridad competente, en Aragón al Instituto Aragonés de Gestión Ambiental.

2) OTRAS MEDIDAS POSIBLES.

Visto que el intrumental de pesca es una de las vías por las que se ha extendido la infección de los cauces con el hongo de la afanomicosis, alguna medida para actuar sobre esto (si pudiera articularse) sería de utilidad.

CONCLUSIÓN

Sea como fuere, el daño ya es irreversible. El 28 de febrero de 1980 un artículo en el ABC de Sevilla daba la primera voz de alarma. Merece la pena citar un párrafo como conclusión. “Hay quien”, decía el texto, “ha llegado a embolsarse más de 4 millones limpios con la caza y captura de unos animalitos que en el Norte se venden y se compran a precio de oro. Cinco años hace que el cangrejo rojo americano viajó a tierras marismeñas desde el estado americano de Louisiana, cinco años en los que de curiosidad ha pasado a plaga, de posible riqueza a marabunta, de especie insólita a azote descomunal. El crustáceo ha hallado en las marismas su hábitat ideal, sin competidores para procrear y desarrollarse en lagunillas y tablas de arroz. El resultado es estremecedor: el cangrejo ha roto todos los diques, todos los límites, y desde los viveros se extiende por la marisma como una pesadilla roja…” Por aquel entonces, todavía se desconocía el impacto que esta especie introducida como negocio iba a tener en la fauna autóctona de nuestras zonas fluviales y en la difusión de la afanomicosis. Hoy los daños se aprecian en toda su magnitud. Y por desgracia, son irreparables.

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