Un catálogo de buenas prácticas ambientales para la cerámica tradicional

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Lydia Morales Ripalda

De todos los oficios artesanales la cerámica es el que más directamente trata con la tierra, el agua, el aire y el fuego, los elementos primordiales que en la Antigüedad se consideraban la base del cosmos y de la vida. Pero como muchos otros trabajos que han acompañado a la humanidad durante milenios, también la cerámica se ha hecho más sofisticada y se ha tecnificado y eso ha supuesto la incorporación de materiales, técnicas y procesos que la han apartado de las buenas prácticas ambientales.

Los ámbitos del oficio susceptibles de adoptar mejores prácticas ambientales se pueden categorizar en cuatro apartados:

1) Los materiales utilizados

2) La elaboración de las piezas

3) La cocción

4) El taller

1) LOS MATERIALES. El material básico de la cerámica es la arcilla, una materia orgánica que proviene de la descomposición de rocas feldespáticas que abundan en la corteza terrestre. Según la proporción de mineral de hierro que contenga puede ser de diferentes colores: blanca, rojiza, gris, ocre o negra. Entre sus componentes están la alumina y el sílice, que al combinarse con el agua hacen plástica a la arcilla, característica que permite someterla a modelado. Cuando se seca por el contacto con el aire se endurece, pero es fácilmente quebradiza. Para darle durabilidad, firmeza y mayor resistencia a la rotura debe ser sometida a la acción del fuego mediante la cocción. Es entonces cuando la arcilla se transforma en cerámica.

En principio todo este proceso era un modelo de sostenibilidad ambiental. Una vez que los útiles cerámicos terminan su vida útil sus restos son, además, fácilmente reutilizables y biodegradables. Sin embargo, con la sofisticación de la civilización se introdujeron procesos de vitrificado de las piezas para dotarlas de mayor belleza, resistencia y refinamiento. Para esto se han utilizado -y se siguen utilizando- esmaltes con pigmentos de color que incorporan sustancias tóxicas como el plomo o el cadmio, y en menor proporción, el níquel, el cobalto y el bario.

La mayor conciencia ambiental ha hecho que en las últimas décadas hayan aparecido esmaltes ecológicos y que se haya prohibido la utilización de materiales tóxicos en la cerámica de uso alimentario. Estos nuevos esmaltes son la resultante de la experimentación de última generación y de la recuperación de pigmentos usados en tiempos remotos y en ámbitos geográficos diversos. Por ejemplo, la cerámica precolombina americana usaba elementos vegetales (decocciones de hojas de enebro, de cáscara de nogal o de aliso, de diferentes flores) para sus pigmentos cerámicos. La europea medieval utilizaba, además de los pigmentos minerales, hollejos de uva. Todo eso se ha ido recuperando de una forma más eficiente por la experimentación contemporánea de materiales para crear nuevos esmaltes. También se ha investigado la toxicidad de los diversos pigmentos minerales para privilegiar los inocuos sobre los tóxicos. Esta preocupación medioambiental en la elaboración de los esmaltes cerámicos es, no obstante, algo circunscrito a Occidente. En otros lugares, y muy singularmente en la gran factoría del mundo que es China, tanto la cerámica artesanal como la industrial siguen utilizando materiales tóxicos para piezas que luego circulan sin barreras en el actual mercado globalizado.

2) LA ELABORACIÓN DE LAS PIEZAS: El gran instrumento del ceramista para elaborar piezas huecas perfectamente simétricas es el torno alfarero. Se tienen restos de cerámica torneada de tiempos tan lejanos como 2000 años antes de Jesucristo. Desde entonces, y hasta hace muy pocos años, el torno fue un dispositivo mecánico movido exclusivamente por tracción humana. Mientras las manos se usaban para modelar la pieza sobre la rueda, los pies hacían los movimientos que permitían a la rueda moverse y crear la fuerza centrífuga necesaria para trabajar la arcilla. Desde finales del siglo XX, sin embargo, en las escuelas de arte y los talleres occidentales se ha generalizado el uso del torno movido por un motor eléctrico. Su principal ventaja es que simplifica los movimientos que se deben aprender y controlar, porque sólo hay que preocuparse de las manos, y no de las manos, de los pies y de la coordinación entre todos ellos como en el torno de tracción humana. El torno eléctrico es más descansado, ciertamente, pero por contra priva al oficio del ejercicio físico equilibrado que le estaba asociado y provoca dolores de espalda por la postura forzada en que hay que trabajar sobre él y porque sólo las extremidades superiores hacen fuerza donde antes todo el cuerpo la hacía. Consume energía eléctrica, hace un ruido persistente, intenso y molesto y la elaboración de las piezas con él requiere una respetable cantidad de agua que no es necesaria en el torno de tracción humana.

La electrificación también está llegando a las tornetas, las ruedas de sobremesa tradicionalmente movidas con la mano sobre las que se colocan las piezas ya torneadas para trabajar su decoración o las esculturas de terracota durante el proceso de modelado. En este caso es difícil encontrar alguna ventaja sustancial aportada por la electrificación de la herramienta.

3) LA COCCIÓN: El gran caballo de batalla medioambiental en el trabajo del ceramista es el proceso de cocción. Desde las cocciones más primitivas, con las piezas enterradas en hoyos o bajo una pira de ramajes, y que se siguen usando hoy en la cerámica africana popular, la cocción también se ha tecnificado y se ha hecho mucho más sofisticada. Eso ha traído consigo una evolución del tipo de hornos cerámicos, de combustibles que los alimentan y también del rango de temperaturas que se manejan en la cocción, algunas imposibles con los sistemas más elementales.

Por simplificar, las cocciones son de baja, media y alta temperatura, o sea, de menos de 1000 grados (baja), entre 1000 y 1200 grados (media) y más de 1200 grados (alta). Obviamente, a mayor temperatura, mayor potencia calórica debe tener el horno. “Too hot to be eco?”, se preguntaban en un artículo de Eluxe Magazine[i]. Las críticas de falta de sostenibilidad al moderno oficio de ceramista vienen porque se usa mucha energía para cocer a temperaturas tan elevadas. Además, algunos tipos de esmaltes suelen hacer dos viajes al horno para un acabado completo.

 Ha sido opinión común entre los ceramistas occidentales modernos que los acabados más bellos y refinados exigían altas temperaturas. Hoy se está poniendo esto en cuestión. Ceramistas de prestigio han demostrado que se pueden conseguir buenas calidades cerámicas con temperaturas más bajas o con cocciones más cortas. Pero para ello hace falta maestría en las cuestiones técnicas relativas a la cocción y en el conocimiento de las características de los diversos materiales. O sea, la eficiencia es inseparable del conocimiento y de la maestría en el oficio. Por desgracia, en vez de poner los cimientos para que los alumnos adquieran esa maestría que antes se transmitía por el contacto en el taller entre maestros y discípulos, en las escuelas de artes actualeses común opinar que las mejores calidades cerámicas se obtienen solamente con altas temperaturas, cosa que representa un serio error conceptual”[ii].

Otro error conceptual que transmiten las escuelas de arte modernas es el de considerar que sólo los hornos eléctricos o de combustibles fósiles (hoy preferentemente el gas, años atrás el carbón y el petróleo) alcanzan las temperaturas necesarias para cocciones a altas temperaturas. Los orientales ya cocían sus porcelanas a 1300º hace siglos con hornos de leña. Y aún hoy en Asia siguen haciéndolo con acabados de extraordinaria belleza y refinamiento, como se puede observar en este vídeo de grandes ceramistas coreanos .

La madera tiene la ventaja de ser un combustible localmente disponible, que quema rápidamente con llama larga, que libera poco azufre en la cocción y que produce un residuo de cenizas que puede reutilizarse en el propio taller para hacer vidriados y como material aislante. La clave de un buen rendimiento  está en un diseño eficiente del horno, en una colocación adecuada de la carga y en saber conducir el fuego para regular las subidas y bajadas de temperatura. En resumen, el horno de leña en un sistema más sostenible e igual de eficaz que un horno de combustible fósil, pero es menos cómodo (“el horno de leña debe ser cuidado, vigilado estrechamente a través del proceso de cocción y alimentado al paso justo”)[iii], cosa que en estos tiempos de la ley del mínimo esfuerzo se considera un inconveniente serio. Exige también una maestría en todo lo relacionado con el diseño y la construcción de hornos y con el proceso de la cocción que antaño se adquiría en el aprendizaje tradicional en taller y como conocimiento transmitido de maestro a discípulo. Hoy, en cambio, esa transmisión tradicional casi se ha perdido en Occidente y las escuelas de arte actuales no son capaces de suplirla con igual solvencia.En los últimos años se han empezado a realizar investigaciones para desarrollar hornos cerámicos de energía solar. Pero de momento no hay más que prototipos en fase de pruebas.

4) EL TALLER: Las buenas prácticas ambientales en un taller cerámico atañen a diversos aspectos: la iluminación, el consumo de agua, la reutilización de materiales o el tratamiento de los residuos. Para la actividad del ceramista una buena iluminación es esencial. La orientación de las ventanas para lograr un máximo aprovechamiento de la luz natural y los sistemas de alumbrado fluorescente o por lámparas de sodio permiten ahorros de hasta la quinta parte de lo que consumen los sistemas incandescentes. Utilizar atomizadores y temporizadores en los grifos ayuda a hacer un gasto de agua más eficiente. Y hay también que tener cuidado con los envases de las sustancias tóxicas (esmaltes, aditivos, pinturas, colas…) y con cualquier instrumental impregnado de ellos. Deben ser tratados como residuos tóxicos y llevados a puntos limpios.

taller cerámico

 Decálogo de buenas prácticas en el sector de la cerámica artesanal

1.     No desperdicies materiales. Reutiliza la arcilla de piezas fallidas y de vaciados. Instala decantadores en los fregaderos del taller para recoger la arcilla de las aguas de desecho.

2.     Emplea esmaltes y pigmentos ecológicos o de baja toxicidad.

3.     Utiliza tornos y tornetas de tracción humana. Ahorras energía, evitas ruidos y contribuyes a preservar las técnicas y las destrezas tradicionales del oficio.

4.     Ni la belleza ni la utilidad de las piezas exigen sistemáticamente cocciones a alta temperatura. Siempre que sea posible, disminuye la temperatura o acorta el ciclo de cocción. Aprende a dar a cada material el tratamiento que le es apropiado.

5.     Durante milenios el combustible para las cocciones cerámicas ha sido la leña. Encender y controlar manualmente el fuego de manera que se fijase en la cocción de las piezas fue uno de los dos fundamentos del arte junto con el modelado. Privilegia su uso sobre las energías fósiles o la electricidad. Convierte el horno del leña en el principal y los de gas y electricidad en los complementarios, no al revés.

6.     Sean del tipo que fueren tus hornos, diséñalos (en el caso del de leña) o elígelos (en el caso de los eléctricos y los de gas) teniendo presente el criterio de máxima eficiencia energética.

7.     Ilumina tu taller aprovechando al máximo la luz natural y usando sistemas de alumbrado fluorescente o de vapor de sodio.

8.     Racionaliza el consumo de agua. Instala atomizadores y temporizadores en los grifos de las pilas del taller. Disminuye el uso de los tornos eléctricos, que exigen más agua para el modelado de las piezas.

9.     Da a los residuos tóxicos (esmaltes, aditivos, pinturas, colas, instrumental impregnado de materiales tóxicos, fluorescentes viejos…) el tratamiento que les es apropiado.

10.  No olvides que un buen ceramista es el resultado del conocimiento atesorado por una tradición varias veces milenaria al que se le añaden el estudio personal y la experimentación propios, con ensayos y errores. Eres responsable de que la herencia de esa tradición no se pierda y de transmitirla a las siguientes generaciones.

[i] Arwa Lodhi: How Eco Friendly is Ceramic?, Eluxe Magazine.

[ii] Luis Speciale: Baja temperatura, Revista Argentina de Cerámica Artes del Fuego.

[iii] Daniel Rhodes: Hornos para ceramistas, Ediciones CEAC, 1998, p.94.

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