Historias olvidadas de la Ruta de la Seda

imperio alejandro

Lydia Morales Ripalda

«Admiramos las grandes obras de los antiguos griegos, su arquitectura, su plástica, su poesía, su filosofía y su ciencia. Somos conscientes de que ellos son los fundadores del espíritu europeo que, desde hace tantas generaciones, a través de renacimientos más o menos pronunciados, vuelve una y otra vez hacia ellos. Reconocemos que, a su manera, han creado casi por doquier obras ejemplares, insuperables y válidas para todos los tiempos…».  Así empieza Teofanía[1], una de las obras más importantes del filólogo clásico alemán Walter F. Otto, publicada en 1956. La idea de que los antiguos griegos y sus continuadores históricos, los romanos, son los fundadores de la civilización occidental es un aserto indiscutible para los europeos cultivados desde el Renacimiento. Pero sólo en las últimas décadas se ha empezado a adquirir conciencia de que la presencia del genio griego en Asia también dejó improntas culturales importantes en otras civilizaciones. Se han estudiado las huellas griegas en los territorios asiáticos del inmenso imperio de Alejandro y en la cultura budista y se han propuesto hipótesis de trabajo que están transformando la vieja imagen que se tenía de los contactos culturales entre Oriente y Occidente en la Antigüedad. A la visión de que Grecia y Roma fueron los canales por donde las influencias orientales llegaron a Europa le está sucediendo otra nueva que remarca las influencias occidentales que recibió Oriente a través del establecimiento de estados griegos en Asia (el imperio de Alejandro, el imperio de los Seléucidas y los posteriores reinos griegos independientes en Afganistán y el norte de la India). Dichas influencias no fueron pequeñas. Las primeras esculturas del Buda, por citar un solo ejemplo, fueron obra de escultores grecobudistas que fijaron la iconografía del Despierto para la posteridad.

Más recientemente se ha puesto en cuestión el aislamiento milenario que la historiografía atribuía a la civilización china, cuyos logros parecían brotar, autosuficientes, sin influencia exterior alguna. Separada de los pueblos más occidentales por grandes cadenas montañosas y por el desierto de Takla Makan, China parecía haber enviado sus influjos a través de los diferentes itinerarios de la Ruta de la Seda a la par que se mantenía encerrada en sí misma, sin necesidad de aprender nada de nadie. Hoy ese cuadro convencional ha sido deshechado y la historia de la China antigua está en pleno proceso de reescritura. El documental Tesoros perdidos de la Ruta de la Seda recorre alguno de los hitos más destacados de este cambio de perspectiva, en el que los descubrimientos arqueológicos están desempeñando un papel fundamental.  Desde las necrópolis de momias europeas de varios milenios de antigüedad encontradas en el desierto de Takla Makan a las figuras de ojos claros, rasgos occidentales y armas de estilo europeo en las pinturas del enorme complejo budista de las cuevas de Bezeklik, los descubrimientos que apuntan a la permeabilidad china frente al influjo occidental no han dejado de menudear en los últimos años. Los antiguos griegos, una vez más, son el agente fundamental. Se han encontrado restos de arquitecturas griegas en territorio chino y el estudio de la técnica empleada en el modelado de los célebres guerreros de Xian indica que las manos que crearon aquellas miles de figuras trabajaron conforme a una técnica escultórica aprendida de los griegos. La impresionante tumba del emperador Qin Shi Huang (209 a.C.), descubierta en 1974, fue al principio un auténtico enigma artístico. En una cultura donde la escultura de gran formato apenas se había desarrollado hasta entonces, y donde no se habían conseguido representaciones anatómicamente realistas, brota de la nada el impresionante complejo funerario. ¿De quiénes aprendieron los artesanos que modelaron el imponente ejército de terracota del primer emperador? Alejandro había conquistado sus dominios asiáticos en el año 330 a.C, el imperio de sus generales sobrevivió hasta el año 250 a.C y los reinos griegos de Afganistán y el norte de la India duraron desde entonces hasta el 130 a.C y el 10 a.C respectivamente. Por tanto, no hacía falta ir hasta Atenas para encontrar maestros escultores griegos o para aprender sus técnicas con ellos.

guerreros xiam

El documental repasa las peripecias de arqueólogos legendarios como el alemán Albert von Le Coq o el húngaro-británico Aurel Stein a lo largo de la Ruta de la Seda. La osadía aventurera, las intuiciones geniales, las rivalidades personales y nacionales y el afán de rapiña se combinaban a partes iguales en las andanzas de aquellos pioneros de la arqueología moderna. Los especialistas contemporáneos, chinos y occidentales, completan el cuadro de un documental que no llega a la hora de metraje y que en ningún momento pierde la amenidad y el interés[2]

[1] Walter F. Otto: Teofonía. El espíritu de la antigua religión griega, Sexto piso, Madrid, 2007.

[2] “Tesoros perdidos de la ruta de la seda”: https://www.youtube.com/watch?v=xV3eqQFIv4Y

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