Bután: hombres y naturaleza en el Reino del Dragón

punaka                                                                   Dzong de Punaka

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

TED (acrónimo de Technology, Entertainment & Design) es una organización sin ánimo de lucro dependiente de la Sampling Foundation que se dedica, según sus fines programáticos, a “difundir ideas para cambiar el mundo”. Organiza un congreso anual (TED Conference) y ciclos de conferencias-espectáculo (TED Talks) que cubren un amplio espectro de temas. En febrero de 2016 las Ted Talks celebraron en Vancouver una semana de sesiones a las que asistieron más de 1.400 personas que pagaron 8.500 dólares por ocupar una butaca entre el exclusivo público del anfiteatro. Una de las charlas que despertó más interés fue la del primer ministro de Bután Tshering Tobgay, que apareció vestido con el gho, el traje típico masculino de su país y habló de ocurrencias pintorescas como el índice de Felicidad Interior Bruta. Tobgay explicó en su presentación que los butaneses estaban muy orgullosos de seguir usando su vestimenta tradicional. Omitió que vestir a la occidental está prohibido por ley en su país .

                           tobgay

Bután es un país enclavado en la cordillera del Himalaya que tiene un tamaño parecido al de Suiza y unas cifras de población similares a las de Zaragoza. Cuando hace casi cincuenta años el antropólogo y explorador francés Michel Peissel recibió la autorización para ser el primer occidental que recorriese Bután, el Reino del Dragón vivía aún en una sorprendente, a la par que bien organizada, Edad Media. Altivamente apartados del resto del mundo, los butaneses moraban a finales de los sesenta en un país que de puertas adentro desconocía casi por completo el uso del dinero y de la rueda, pero que tenía una diplomacia lo bastante eficaz como para haberles tomado el pelo (y sacado los cuartos) a Gran Bretaña y a la India durante décadas. Esta tradición de astucia diplomática asoma también en la charla de Tshering Tobgay ante su auditorio de acaudalados norteamericanos.

                              buthan secreto

En su libro Lords and Lamas of Bhutan, traducido en España como Bhutan secreto[1], Michel Peissel relataba las razias que los guerreros butaneses lanzaban sobre la región india del Douars. Esta zona de producción de té se extiende desde Darjeeling a Shilong a lo largo de la frontera meridional de Bután. Durante siglos los temibles butaneses aparecían por allí en invierno y raptaban mujeres, robaban cosechas y cobraban su particular “impuesto revolucionario” a los indios. «Siempre quedaban impunes», contaba Peissel, «pues nadie osaba penetrar en sus plazas fuertes. Ni siquiera los enfurecidos ingleses se atrevían a introducirse en su territorio de las montañas a pesar de que los hombres de la Tierra del Dragón habían apresado más de una vez a súbditos británicos». Gran Bretaña decidió nombrar a un embajador plenipotenciario llamado sir Ashley Eden para ir a Bután y resolver de una vez por todas el problema. Pero la humillación diplomática que recibió la pérfida Albión a manos del pequeño estado medieval fue de las que hacen época. «Los butaneses dejaron en ridículo a aquel dandy emplumado, obligándolo a firmar un tratado humillante y tratándolo tan mal que sir Ashley Eden tuvo que poner pies en polvorosa una noche para salvar su vida. El tratado fue denunciado por el diplomático, alegando que se lo habían hecho firmar a la fuerza», con escupitajos en la cara incluidos. Las autoridades británicas, enfurecidas, advirtieron de que la represalia sería terrible. «El trato dado a nuestro embajador ha sido tan bochornoso que el Gobierno Británico no puede permitir la impunidad del Gobierno de Bután”, escribió en tono admonitorio el virrey y gobernador general de la India John Lawrence a las autoridades de la Tierra del Dragón. Pero los butaneses no parecieron sentirse intimidados. Respondieron lanzando una escaramuza en la frontera india que acabó con un destacamento militar británico derrotado y el robo del armamento de sus oponentes, cañones incluidos. La operación de castigo británica no se produjo nunca, tampoco después de esta segunda ofensa. El virrey de la India en persona optó por unas nuevas negociaciones en las que los butaneses utilizaron, esta vez, su proverbial astucia diplomática. Le arrancaron a Gran Bretaña un tratado asombroso que estipulaba que «en consideración a que el Gobierno de Bután ha lamentado su mala conducta anterior» Gran Bretaña pagaría todos los años una sustanciosa cifra de dinero a Bután «como compensación por el territorio de Douars que se anexionaba». No había tal anexión. El Douars era ya una región india y nunca había pertenecido a Bután, el Imperio británico no se anexionaba nada. En realidad, lo que los británicos habían firmado era el pago de un canon anual para que los butaneses dejaran de lanzar incursiones de rapiña sobre la región. Y habían encubierto la bajada de pantalones con esa figura de la falsa anexión para simular que no habían cedido. De esta manera Bután conseguía dinero y, de paso, que un tratado les reconociera la propiedad previa de algo que nunca había sido suyo. Naturalmente, la historia no acabó ahí. Si las autoridades de la Tierra del Dragón querían aumentar el canon, no hacía falta más que mandar un aviso a los británicos. Ya se sabía lo que significaba una respuesta negativa, así que el Imperio aumentaba el dinero que pagaba para que la frontera de Bután no volviera a abrirse al pillaje. Cuando la India se independizó, el Reino del Dragón consiguió que le “devolvieran” un trozo de ese Douars que nunca había sido suyo y que su vecina multiplicara por cinco el canon anual británico. En las décadas posteriores las cifras del canon pagado por la India siguieron, sorprendentemente, elevándose. La diplomacia butanesa, en resumen, tiene una probada habilidad para camelar y dar sablazos al mundo que está más allá de sus montañas. Poco se puede objetar al respecto. ¿Acaso no consiste la diplomacia eficaz precisamente en eso?

     butan 4

La actuación de Tshering Tobgay en las TED Talks es, en cierta medida, continuadora de esta tradición. Primer ministro de Bután desde 2013, Tobgay estudió ingeniería en Gran Bretaña con una beca de las Naciones Unidas y posteriormente hizo una maestría en administración pública en la Universidad de Harvard. Desde el punto de vista académico es un hombre con una educación occidental moderna y elitista, aunque aparezca en escena vestido como el cándido gobernante medieval de un reino de fantasía. La candidez, obviamente, es más impostada que real: Tobgay está allí para seducir a un auditorio de millonarios norteamericanos (él mismo recuerda que el patrimonio de algunos de los presentes supera de largo al PIB de Bután) y, a continuación, pasar el cazo. El objetivo manifiesto es conseguir fondos para un organismo conservacionista –Bhutan for Lifecreado por las autoridades himalayas para preservar el patrimonio natural del país con dinero obtenido de instituciones extranjeras, corporaciones e individuos acaudalados. Pero de paso, se puede aprovechar la ocasión para hacer publicidad de la Tierra del Dragón y conseguir esos cinco mil turistas de alto poder adquisitivo que Bután deja entrar actualmente en visitas tuteladas. Para lograrlo Tobgay usa con notable habilidad un puñado de trucos dialécticos que demuestran que conoce bien los resortes de la psicología colectiva. Por ejemplo, apela al mito del paraíso terrenal en forma de utopía mítica del Himalaya: reyes iluminados, lamas puros, montañas majestuosas, tierras incontaminadas y cubiertas de bosques en las tres cuartas partes de su superficie, un pueblo sin malicia que intenta vivir en armonía con una naturaleza grandiosa… Casi la Shangri-la que noveló James Hilton en su famosa novela Lost Horizon. Aunque no, “no somos Shangri-la”, dice Tobgay enfáticamente. Y no lo son, no porque Bután le falle al mito, sino -atención a la explicación- porque Bután es un pequeño país con problemas que otros causan y que él sufre. Ellos, que no sólo son neutrales en emisiones de carbono sino que están incluso en índices negativos, ellos que con su pulmón verde intacto son fieles a su lema de “desarrollo con valores”, son víctimas de las malas prácticas de otros. “No hemos hecho nada para contribuir al cambio climático, pero somos los más afectados por sus consecuencias”, dice con aplomo el primer ministro. Y entonces viene el cuadro apocalíptico. Bután tiene 2.700 glaciares, muchos se están derritiendo por la alteración climática y causan inundaciones pavorosas con daños que la inocente y austera Shangri-la butanesa es incapaz de asumir. Las imágenes de unas aguas furiosas y desbocadas acompañaban desde la pantalla al relato dramático de Tobgay. Ante un auditorio europeo, más viejo y más cínico para las cosas del mundo que un auditorio de nuevos ricos norteamericanos, el truco dialéctico probablemente habría provocado murmullos y sonrisas. Porque cambios climáticos aparte, en Bután y el norte de la India están las regiones más húmedas del planeta. Michel Peissel se refería en su libro a las terribles inundaciones que se producían en estas zonas durante el monzón. «En el resto del mundo la lluvia se mide por centímetros cúbicos o litros. En Cherrapungi caen trece toneladas métricas por metro cuadrado en tres meses, lo que es suficiente para anegar una casa de cuatro pisos. Estas tremendas precipitaciones forman impetuosas corrientes que se abren paso hasta las grandes llanuras, inevitablemente inundadas cada año por este alud de agua». Las imágenes que exhibía el primer ministro, con aquellas aguas turbulentas y desbocadas, eran más de un monzón catastrófico que de un glaciar repentinamente licuado por una sacudida termométrica. De hecho, el efecto de un hipotético calentamiento sobre los glaciares del Himalaya es, como señaló el geólogo Summer Rupper, su regresión y la disminución de su cantidad de agua por efecto de un derretimiento lento y una mayor evaporación. O sea, justo lo contrario de lo que relataba el primer ministro. Lo que sí produce la elevación de las temperaturas es un descenso de las precipitaciones de nieve y un aumento de las precipitaciones de lluvia. Y menos nieve y más lluvia significan mayor regresión de los glaciares, en primer lugar, y mayores inundaciones, en segundo. Pero decir que un deshielo repentino de los glaciares causado por el cambio climático que otros provocan ocasiona las inundaciones del monzón es llevar un poco lejos la licencia literaria. El auditorio del señor Tobgay se lo tragó, como se tragó el efectista final mostrando la camisa occidental bajo la túnica butanesa y haciendo un canto a los sueños de fraternidad universal para pasar mejor el cepillo de las limosnas. El auditorio emocionado y puesto en pie era la prueba de lo buen comunicador que es el primer ministro butanés y de lo hábilmente que había llevado el agua a su molino. Merece la pena ver la charla, a la que se puede acceder desde este enlace con subtítulos en españolTshering Tobgay – TED Talk Febrero 2016

    butan 2

De todas formas, para los amantes de la literatura de viajes y de naturaleza la lectura del libro de Michel Peissel -encontrable aún de segunda mano en diversos portales de internet- es más reveladora de la riqueza ambiental de Bután que todo el discurso del primer ministro. Peissel describe valles, desfiladeros y montañas plasmando su arrobamiento ante una belleza inefable o su terror ante una peligrosidad literalmente mortal. En ambos casos la confrontación con aquella naturaleza grandiosa dejara hondas huellas en el alma del viajero. Una noche pasada al raso en un lugar particularmente inclemente, y después de graves penalidades, pondrá ante él la realidad radical de nuestra soledad y nuestra menesterosidad existencial. “Esa noche comprendí mejor que nunca cuán miserable resulta el género humano bajo aquella terrible bóveda celeste. ¡Qué pequeños y lastimosos son nuestros cuerpos mortales y qué frágiles nuestras mentes porque, aunque con ellas podamos advertir nuestra propia insignificancia, no somos capaces de ponerle remedio! Somos como cáscaras de nuez embarcados hacia la eternidad en un mar que no logramos dominar, llevados y traídos por las olas de cataclismos estelares, víctimas de fuerzas misteriosas de las que sólo conocemos su inmensidad aplastante”. En otro pasaje Peissel describía como sus duros vagabundeos por aquel paraíso natural lo estaban conduciendo al “purgatorio de la desesperación”. El yo del hijo del diplomático, del estudiante de Oxford y Harvard, del aristócrata consorte que vivía en un castillo en Francia, se disolvía como un azucarillo en el miserable cuenco de arroz, en las penosas caminatas por desfiladeros, en las noches sobre el suelo o el barro y en su inmersión en aquellos parajes duros e imponentes. Enfrentado a todo eso su personaje se disolvía como un espectro irreal y quedaba convertido en lo que todo individuo humano es en el fondo: en nada, en nadie. «Me atormentaba un extraño vacío interior, como si fuera perdiendo contacto con el que toda la vida había sido mi compañero más íntimo: yo mismo. Sin saber cómo, iba haciéndome ajeno a mi propio ser y al mundo que había sido mío hasta entonces. Por la noche ya no me era posible refugiarme en mi mente para hallar un eco a mis ideas. Algo se había ido de mí y en el hueco que quedaba vacío anidaba la soledad profunda de la desesperación». Esa experiencia de muerte del yo de la que han hablado siempre los ascetas era uno de los descubrimientos que Bután tenía reservado al “joven señor occidental”, tan pagado de sí mismo y de sus circunstancias.

El libro de Peissel es interesante también por la descripción de la sociedad butanesa que él encontró y que cincuenta años después ya no existe. Dicha sociedad ha sido transformada por los grandes cambios que han promovido las autoridades en las últimas décadas y que empezaban a apuntarse ya entonces. El antropólogo llegó a plasmar en algún momento de su peregrinaje su deseo de que esos cambios que se estaban fraguando fracasaran, convencido de que aquella vida arcaica era bastante más significativa y equilibrada que la del mundo moderno a pesar de todas sus limitaciones materiales.

Su relato se completaba con descripciones de fortalezas y monasterios muy vívidas, arquitecturas de las que hasta entonces no se sabía nada en Europa. Del Dzong de Punaka, «el Pentágono de Bután, sede real de la fe y de la ley», Peissel decía que «está más allá de toda descripción» por su esplendor. «Punaka fue la fortaleza más inconquistable del mundo, la única que jamás resultó capturada y que resistió hasta la segunda mitad de nuestro siglo las solapadas invasiones de la civilización técnica. Con ella Bután entero ha resistido los embates físicos y morales del exterior, conservando su propia forma de gobierno, su religión y su arte. Y todo ello en un siglo en el que precisamente la religión, el arte y la política de las demás naciones han sido víctimas de influencias extrañas y de predominios de índole económica. Pocas naciones podrán jactarse, como el Bután actual, de sentir una indiferencia total hacia el poder del dólar y la controversia entre democracia y comunismo. Punaka era todavía la sede de un estado libre, la capital de la última tierra verdaderamente independiente del mundo».

“Era”, dice bien Peissel. Porque esa singular Arcadia rural del Himalaya, sin dinero ni banderías políticas, sin tabernas, tiendas, ni posadas, a la vez feudal e igualitaria, modelada espiritualmente por el chamanismo himalayo y el budismo tántrico, de guerreros con espadas de plata, provincias comunicadas sólo por aterradores desfiladeros y una única carretera desde la frontera con la India hasta Thimbu por la que circulaban los todoterrenos del rey, ese Bután, ya no existe.

  butan 3

___________________

NOTAS

[1] Peissel, Michel: Bhutan secreto. Barcelona: Editorial Juventud, 1979.

Jacinto Antón: «Michel Peissel, explorador de reinos perdidos», necrológica publicada en el diario El País, 3 de noviembre de 2011.

Anuncios
Publicado en Reseñas | Deja un comentario

Miguel Delibes: una defensa de la vida rural y la naturaleza

PORTADA DELIBES

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

El 25 de mayo de 1975 el novelista Miguel Delibes leyó su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua, titulado “El sentido del progreso desde mi obra”. Como el propio autor recordó, cuando se publicó su novela El camino (1950), una parte de la crítica lo tachó de reaccionario. El joven protagonista del libro, un chico llamado Daniel el Mochuelo, se resistía a abandonar la vida comunitaria en un pequeño pueblo de Castilla para sumarse al rebaño despersonalizado de la gran ciudad. A lo largo de su dilatada carrera como escritor Delibes se convirtió muchas veces en el novelista del campo, los pueblos y sus gentes. Su discurso de ingreso fue, por ello, una especie de recado que los personajes de sus obras traían para los académicos y el público en general. A saber: que si el progreso moderno era sinónimo de la destrucción de la naturaleza, los pueblos y la vida rural, ellos renunciaban a ese progreso. Y el discurso fue también una exposición de las convicciones ambientalistas del autor. Como señaló el actual director de la Real Academia Darío Villanueva fue «un discurso innovador y apasionado que comenzaba con una declaración de principios, casi un manifiesto ecologista, en forma de pregunta: “¿Por qué no aprovechar este acceso a tan alto auditorio para unir mi voz a la protesta contra la brutal agresión a la naturaleza que las sociedades llamadas civilizadas vienen perpetrando mediante una tecnología desbridada?”. Cuarenta años después de su lectura pública el texto –que apareció en forma de libro en 1979 con el título Un mundo que agonizasorprende todavía por su anticonvencionalismo y claridad. La síntesis del credo de Delibes era que «todo cuanto sea conservar el medio es progresar; todo lo que signifique alterarlo esencialmente es retroceder». Desde la publicación de El camino la oposición de Delibes al sentido moderno del progreso y a la forma de entender las relaciones Hombre-naturaleza de él derivada se fue haciendo cada vez más acre y radical. En sintonía con los postulados del “crecimiento cero” mantenidos por el ecologismo de los años 70, Delibes avizoraba un horizonte cataclísmico si la humanidad no frenaba el desarrollo desbocado y organizaba su vida comunitaria sobre bases distintas a las que estaban prevaleciendo. Defendía el retorno a la vida rural en pequeñas comunidades autoadministradas y autosuficientes, una idea que tomaba del Manifiesto para la supervivencia[1], publicado por el director de The Ecologist Edward Goldsmith y otros autores en 1972. Delibes reconocía los ribetes utópicos de dicho manifiesto, pero compartía con sus autores la perspectiva de que «el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al Hombre, ni en destruir la naturaleza, ni en sostener a un tercio de la humanidad en el delirio del despilfarro mientras los otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia».

En la edición en formato de libro el discurso de Delibes fue dividido en once capítulos. En el primero –«El progreso contra el Hombre»Delibes repasaba los efectos secundarios negativos de la revolución material lograda en el siglo XX por la aplicación de la ciencia a la tecnología. En el segundo –«Hombres encadenados»denunciaba una concepción del progreso que llevaba aparejada una minimización del Hombre. «Errores de enfoque han venido a convertir al ser humano en una pieza más –e insignificante- de este ingente mecanismo que hemos montado. La tecnocracia no casa con eso de los principios éticos, los bienes de la cultura humanista y la vida de los sentimientos». Un enfoque existencial semejante alentaba de modo natural la corrupción. «El viejo y deplorable aforismo de que cada hombre tiene su precio alcanza así un sentido literal, de plena y absoluta vigencia, en la sociedad de nuestros días». Delibes denunciaba la primacía absoluta de lo crematístico, la eliminación de toda aspiración espiritual en las nuevas generaciones, la humillación constante de los estudios de Humanidades por considerarse que “no sirven” para nada, los trabajos rutinarios y embrutecedores de las cadenas de producción, la obsolescencia programada y el delirio consumista y la emergencia de una civilización del desperdicio. «Al teocentrismo medieval y al antropomorfismo renacentista ha sucedido un objeto-centrismo que, al eliminar todo sentido de elevación en el Hombre, le ha hecho caer en la abyección y la idolatría».

El capítulo tercero –«El deseo de dominio»se centraba en otro de los elementos característicos del progreso moderno: la ambición de poder. La aspiración de elevarse de rango y anteponerse, no ya acrecentando su cultura o sus facultades, sino amedrentando o debilitando al adversario, era para Delibes otro de los rasgos característicos del Hombre moderno, tanto en sus relaciones individuales como en las colectivas (entre estados, entre el estado y el individuo o entre estamentos dirigentes y masas dirigidas).  La técnica era algo más que una herramienta para ganar dinero: era un instrumento de dominación. Delibes analizaba la aparición de instrumentos de manipulación colectiva como la televisión y la gregarización de las sociedades que permitía prosperar a las autocracias políticas o a las formas de ocio que no eran «ni fecundadoras, ni liberadoras, ni enaltecedoras de los valores del espíritu. El Hombre, de esta manera se despersonaliza y las comunidades degeneran en masas amorfas, sumisas, fácilmente controlables desde el poder concentrado en unas pocas manos».  En el capítulo cuarto –«El equilibrio del miedo»Delibes se detenía en la sustitución de las armas convencionales por las armas de destrucción masiva (nucleares y bacteriológicas), capaces de acabar por completo con la  vida en la Tierra. Citaba a Julián Marías para recordar que no bastaba que nadie quisiera una guerra de aniquilación si se tenía la capacidad de poder hacerla. Una vez que esas armas existían nadie podía descartar, además, la posibilidad de un accidente, de un sabotaje o de efectos catastróficos derivados de sus deshechos y residuos. El escritor también mostraba su alarma ante la sofisticación y la eficacia crecientes de los instrumentos usados para la vigilancia y el espionaje, hasta el punto de considerar que los mundos de pesadilla imaginados por Orwell y Huxley ya habían sido alcanzados en gran medida. La brecha siempre creciente entre la técnica y la ley aumentaba la situación de desvalimiento del individuo, cada vez más indefenso ante estas violaciones a su privacidad. Y Delibes se preguntaba, «lleno de zozobra y ansiedad», si no serían los estados y los estamentos de poder «los primeros interesados en tolerar tales aberraciones si el uso de las técnicas mencionadas vienen a consolidar su autoridad y su poder”.  Y añadía: “¿No se nos habrán escapado de las manos las fuerzas que nosotros mismos desatamos y que creímos controlar un día?»

En “La Naturaleza, chivo expiratorio”, el capítulo quinto, Delibes afirmaba que la sed insaciable de poder del hombre moderno y de las instituciones creadas por él se hacía especialmente evidente en sus relaciones con la naturaleza. «En la actualidad la abundancia de medios técnicos permite la transformación del mundo a nuestro gusto, posibilidad que ha despertado en el Hombre una vehemente pasión dominadora. El Hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro». La naturaleza se convertía, así, en el chivo expiatorio del progreso. Había sido inmolada a mayor gloria de la tecnología y de una idea del crecimiento indefinido que era disparatada en un planeta de recursos finitos. Delibes defendía que ya que el Hombre inevitablemente tiene que servirse de la naturaleza, la conducta juiciosa sería hacerlo de modo que “se nos note lo menos posible” y dejemos la menor huella. Esto era una pura quimera cuando Delibes escribía y sigue siéndolo ahora.  «El hombre supertécnico, armado de todas las armas, espoleado por un afán creciente de dominación, irrumpe en la Naturaleza y actúa sobre ella en los dos sentidos citados, a cual más deplorable y desolador; desvalijándola y envileciéndola». En el capítulo sexto –«Un mundo que se agota»y en el séptimo –«La rapacidad humana»el escritor señalaba que el consumo exagerado de recursos naturales obedecía tanto a las exigencias del modelo productivo imperante como a la tendencia a la dilapidación que se manifiesta en las sociedades tecnológicamente avanzadas. Los países en vías de desarrollo, con sus natalidades desbocadas y su afán por alcanzar a los países desarrollados, infligían daños igualmente terribles al medio natural. Talas masivas, sobreexplotación de la tierra y los océanos, uso desbocado de los recursos minerales, industrias altamente contaminantes… El capítulo octavo «Un mundo sucio» analizaba la paradoja de que «la actual complejidad técnica ya no nos permite utilizar unas cosas sin manchar otras». Aparecía así en la vida moderna la realidad de la contaminación. Los efectos de sustancias perniciosas sobre la vida terrestre y marina eran analizados en el siguiente capítulo –«Muerte en la tierra y en el mar»-. Delibes aventuraba que íbamos a acabar enfrentados a una disyuntiva extrema: «o no comer o envenenarnos». En el penúltimo capítulo – «El Hombre contra el Hombre»el autor nos recordaba que el daño de la contaminación, de un mundo sucio y hacinado en grandes ciudades, no sólo es directo. También influye sobre el equilibrio interior y la salud psíquica del Hombre. Afecciones como la ansiedad, la angustia, la agresividad, la promiscuidad sexual o el estrés afectan en proporciones mucho más elevadas a los habitantes de grandes espacios urbanos que a los de pueblos pequeños. Los índices de asesinatos, agresiones, violaciones y robos eran también mucho más altos en las ciudades, de modo que a mayor acumulación humana, más elevadas eran las estadísticas de delincuencia. Para Delibes esta evidencia y el crecimiento de las llamadas “enfermedades de la civilización” ratificaba la afirmación de Erich Fromm de que para conseguir una economía boyante «hemos producido millones de hombres enfermos». El autor recordaba  la amarga profecía de Roberto Rossellini: «nuestra civilización morirá por apoplejía porque nuestra opulencia contiene en sí las semillas de la muerte». Para Delibes sólo si emprendían iniciativas de carácter global, acordadas por todos los países, podrían ponerse en práctica acciones eficaces para corregir la deriva destructiva y respetar los delicados equilibrios ecológicos. “Nuestro planeta se hundirá entero o se salvará entero”, nos recordaba.

En el último capítulo –«El sentido del progreso en mi obra»Delibes cerraba su texto hablando en primera persona de sus inquietudes.  «A la vista de cuanto llevo expuesto, no necesito decir que el actual sentido del progreso no me va. Me desazona tanto que el desarrollo técnico se persiga a costa del hombre como que se plantee la ecuación Técnica-Naturaleza en régimen de competencia. El desarrollo, tal como se concibe en nuestro tiempo, responde a todos los niveles a un planteamiento competitivo. Bien mirado el Hombre del siglo XX no ha aprendido más que a competir y cada día parece más lejana la fecha en que seamos capaces de ir juntos a alguna parte». Para Delibes únicamente un Hombre nuevo –«humano, imaginativo, generoso»-, sobre un entramado social también nuevo, sería capaz de poner en marcha un programa restaurador. El marcado carácter “antiprogresista” de su obra  respondía a su preocupación por la deshumanización de las sociedades, la agresión a la naturaleza, la entronización de una mirada objeto-centrista y el lugar en que se ha colocado a la máquina y las tecnologías de última generación con respecto al Hombre. «Hemos matado la cultura campesina», se lamentaba, «pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble. Y la destrucción de la naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el Hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste». La muerte de los pueblos le preocupaba sobremanera. «¿Qué será de un paisaje sin hombres que habiten en él de continuo y que son los que le confieren realidad y sentido (…) ¿Qué interés tiene preservar la naturaleza en un parque nacional si luego no se puede encontrar allí a los que, desde siempre, han vivido la intimidad de su país; si no se encuentra allí a los que saben dar su nombre a la montaña y que, al hacerlo, le dan la vida?». Un progreso que dejaba deshabitados los pueblos y destruía el mundo rural a Delibes no le parecía tal. De igual manera, una tecnificación que erosionaba los valores morales y la cultura humanística y que endurecía el corazón humano no podía sino ponerse en tela de juicio por desnortada. Tal era la posición del escritor, que aprovechaba para recordar en este punto a algunos de sus personajes más inolvidables y la actitud de estos ante la vida. «Mis personajes no son asociales, insociables ni insolidarios, sino solitarios a su pesar. Ellos declinan un progreso mecanizado y frío, es cierto, pero simultáneamente, este progreso los rechaza a ellos, porque un progreso competitivo, donde impera la ley del más fuerte, dejará ineludiblemente en la cuneta a los viejos, los analfabetos, los tarados y los débiles». Todos aquellos que no puedan o quieran subirse al tren de este «progreso despiadado», que «ha roto el equilibrio con otros seres y de unos hombres con otros hombres», pasará a engrosar la muchedumbre de los excluidos que «inútilmente esperan, aquí en la Tierra, algo de un Dios eternamente mudo y de un prójimo cada vez más remoto». Por eso Delibes creía que el primer paso para un cambio de mentalidad era ensanchar la conciencia moral universal. «Porque si la aventura del progreso» –concluía el autor- «ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la violencia y de la incomunicación; de la autocracia y la desconfianza; de la injusticia y la prostitución de la naturaleza; del sentimiento competitivo y del refinamiento de la tortura; de la explotación del hombre por el hombre y la exaltación del dinero, en ese caso, yo, gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: “¡Que paren la Tierra, quiero apearme!».

______

NOTAS

[1] Goldsmith, Edward; Allen, Robert; Allaby, Michael; Davoll, John; Lawrence, Sam  (1972) :  «The Ecologist’s Blueprint for Survival», The Ecologist, volumen II, Reino Unido; (posteriormente editada en formato libro como The Ecologist’s Blueprint for Survival. Reino Unido: Ed. Penguin, 1972). Se cita la traducción al español de Miguel Paredes: Manifiesto ecologista para la supervivencia. Madrid: Alianza Editorial, 1972.

El texto original puede encontrarse en este enlace:  The Ecologist’s Blueprint for Survival

Delibes, Miguel: Un mundo que agoniza, Barcelona: Plaza y Janés, 1979. Con ilustraciones de José Ramón Sánchez

Publicado en Educación Ambiental, Reseñas | Deja un comentario

Historias olvidadas de la Ruta de la Seda

imperio alejandro

 licencia-cc Lydia Morales Ripalda

«Admiramos las grandes obras de los antiguos griegos, su arquitectura, su plástica, su poesía, su filosofía y su ciencia. Somos conscientes de que ellos son los fundadores del espíritu europeo que, desde hace tantas generaciones, a través de renacimientos más o menos pronunciados, vuelve una y otra vez hacia ellos. Reconocemos que, a su manera, han creado casi por doquier obras ejemplares, insuperables y válidas para todos los tiempos…».  Así empieza Teofanía[1], una de las obras más importantes del filólogo clásico alemán Walter F. Otto, publicada en 1956. La idea de que los antiguos griegos y sus continuadores históricos, los romanos, son los fundadores de la civilización occidental es un aserto indiscutible para los europeos cultivados desde el Renacimiento. Pero sólo en las últimas décadas se ha empezado a adquirir conciencia de que la presencia del genio griego en Asia también dejó improntas culturales importantes en otras civilizaciones. Se han estudiado las huellas griegas en los territorios asiáticos del inmenso imperio de Alejandro y en la cultura budista y se han propuesto hipótesis de trabajo que están transformando la vieja imagen que se tenía de los contactos culturales entre Oriente y Occidente en la Antigüedad. A la visión de que Grecia y Roma fueron los canales por donde las influencias orientales llegaron a Europa le está sucediendo otra nueva que remarca las influencias occidentales que recibió Oriente a través del establecimiento de estados griegos en Asia (el imperio de Alejandro, el imperio de los Seléucidas y los posteriores reinos griegos independientes en Afganistán y el norte de la India). Dichas influencias no fueron pequeñas. Las primeras esculturas del Buda, por citar un solo ejemplo, fueron obra de escultores grecobudistas que fijaron la iconografía del Despierto para la posteridad.

Más recientemente se ha puesto en cuestión el aislamiento milenario que la historiografía atribuía a la civilización china, cuyos logros parecían brotar, autosuficientes, sin influencia exterior alguna. Separada de los pueblos más occidentales por grandes cadenas montañosas y por el desierto de Takla Makan, China parecía haber enviado sus influjos a través de los diferentes itinerarios de la Ruta de la Seda a la par que se mantenía encerrada en sí misma, sin necesidad de aprender nada de nadie. Hoy ese cuadro convencional ha sido deshechado y la historia de la China antigua está en pleno proceso de reescritura. El documental Tesoros perdidos de la Ruta de la Seda recorre alguno de los hitos más destacados de este cambio de perspectiva, en el que los descubrimientos arqueológicos están desempeñando un papel fundamental.  Desde las necrópolis de momias europeas de varios milenios de antigüedad encontradas en el desierto de Takla Makan a las figuras de ojos claros, rasgos occidentales y armas de estilo europeo en las pinturas del enorme complejo budista de las cuevas de Bezeklik, los descubrimientos que apuntan a la permeabilidad china frente al influjo occidental no han dejado de menudear en los últimos años. Los antiguos griegos, una vez más, son el agente fundamental. Se han encontrado restos de arquitecturas griegas en territorio chino y el estudio de la técnica empleada en el modelado de los célebres guerreros de Xian indica que las manos que crearon aquellas miles de figuras trabajaron conforme a una técnica escultórica aprendida de los griegos. La impresionante tumba del emperador Qin Shi Huang (209 a.C.), descubierta en 1974, fue al principio un auténtico enigma artístico. En una cultura donde la escultura de gran formato apenas se había desarrollado hasta entonces, y donde no se habían conseguido representaciones anatómicamente realistas, brota de la nada el impresionante complejo funerario. ¿De quiénes aprendieron los artesanos que modelaron el imponente ejército de terracota del primer emperador? Alejandro había conquistado sus dominios asiáticos en el año 330 a.C, el imperio de sus generales sobrevivió hasta el año 250 a.C y los reinos griegos de Afganistán y el norte de la India duraron desde entonces hasta el 130 a.C y el 10 a.C respectivamente. Por tanto, no hacía falta ir hasta Atenas para encontrar maestros escultores griegos o para aprender sus técnicas con ellos.

guerreros xiam

El documental repasa las peripecias de arqueólogos legendarios como el alemán Albert von Le Coq o el húngaro-británico Aurel Stein a lo largo de la Ruta de la Seda. La osadía aventurera, las intuiciones geniales, las rivalidades personales y nacionales y el afán de rapiña se combinaban a partes iguales en las andanzas de aquellos pioneros de la arqueología moderna. Los especialistas contemporáneos, chinos y occidentales, completan el cuadro de un documental que no llega a la hora de metraje y que en ningún momento pierde la amenidad y el interés[2]

[1] Walter F. Otto: Teofonía. El espíritu de la antigua religión griega, Sexto piso, Madrid, 2007.

[2] “Tesoros perdidos de la ruta de la seda”: https://www.youtube.com/watch?v=xV3eqQFIv4Y

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

52 gestos por la biodiversidad

52-gestos-por-la-biodiversidad-1-638

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

52 gestos por la biodiversidad es una publicación de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea preparada a partir del documento “366 gestes pour la biodiversité “(2009) del Real Instituto de Ciencias Naturales de Bélgica. El cuadernillo, redactado por Charlotte Degueldre e ilustrado por Claude Desmedt, se editó en el marco de las iniciativas del Año Internacional de la Biodiversidad que se celebró en 2011. En las primeras páginas se explica de modo breve y sencillo qué es la biodiversidad y por qué es importante protegerla. Según el Convenio de Diversidad Biológica el término designa “la variabilidad de organismos vivos de todas las clases, incluida la diversidad dentro de las especies, entre las especies y de los ecosistemas”. En 52 gestos se nos dice que protegerla es importante porque dependemos de esa variedad de la naturaleza “para obtener muchos recursos esenciales, como alimentos, materiales de construcción, calor, fibras textiles o ingredientes activos de los medicamentos”. Siendo esto evidente, sorprende el criterio puramente utilitarista que se invoca, cuando el enfoque más ético sería recordar que la humanidad, como especie consciente e inteligente que es, tiene la obligación de cuidar del planeta que hace posible su vida y de no destruir a las demás especies que lo habitan.

La lista de amenazas para la biodiversidad llegadas de la mano humana es amplia: destrucción y deterioro de hábitats; contaminación del aire, las aguas y los suelos; sobreexplotación de recursos, destrucción de especies y alteraciones del equilibrio ecológico… El remedio a estos grandes males, con todo, parece hallarse lejos del reducido ámbito de acción del individuo corriente. Por ello el cuadernillo propone cincuenta y dos sugerencias -una por semana- con las que cualquier persona puede ayudar a proteger la biodiversidad desde su pequeña parcela personal. Puede tratarse de pequeños gestos prácticos cotidianos, de actividades de sensibilización, de propuestas para un comportamiento adecuado cuando se visitan espacios naturales o de actitudes ambientalmente sostenibles. Para promover estos gestos la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea autoriza la distribución gratuita del cuadernillo y anima a divulgar sus contenidos, a pesar de que en el texto se dice expresamente que “las opiniones expuestas en el presente documento no reflejan necesariamente la posición de la Comisión Europea”. Curiosa falta de coherencia, cuanto menos.

El cuadernillo puede encontrarse aquí: 52 gestos por la biodiversidad

Publicado en Educación Ambiental | Deja un comentario

La Señora de Susín

angelines villacampa

 Angelines Villacampa en Casa Mallau (Fotografía de Manuel Lorenzo)

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

Susín es una minúscula aldea oscense de la comarca del Alto Gallego que actualmente pertenece al ayuntamiento de Biescas. Ni las carreteras, ni las redes modernas de electricidad, agua corriente y teléfono llegaron hasta ella. Su silueta pétrea se vislumbra en lo alto de un monte cuando se va por carretera desde Sabiñanigo a Biescas. Se accede al lugar desde Oliván, por una pista que aproxima al Sobrepuerto y que obliga a dejar los vehículos metros antes de llegar al pueblo, y por la senda GR16, tras una caminata de unos cuarenta minutos. El caserío está elevado trescientos metros por encima de la margen izquierda del río Gállego, en una pendiente con magníficos pastizales. Las vistas del Valle de Tena desde la aldea son espectaculares. “Susín es uno de esos lugares que perduran en la retina del visitante durante mucho tiempo” [1]. En la retina y en el alma. Porque no son pocos los que han experimentado algo mágico y conmovedor en este diminuto pueblo que para las enciclopedias es un mero “despoblado”.

Susín siempre fue pequeño. Desde los primeros censos que se conservan -del siglo XV- hasta hoy el pueblo ha estado formado por tres casas. Dos de ellas siguen en pie -las casas Mallau y Ramón- y la tercera -casa Batallón- hace tiempo que se vino abajo. Los propietarios de Casa Ramón emigraron décadas atrás a Barcelona. Los dueños de casa Mallau fueron los primeros empresarios hoteleros de Sabiñánigo y enviaron a la hija de la familia a estudiar a un internado francés. Angelines Villacampa se convirtió en una mujer culta, viajada, profesora de francés y amiga de escritores como Julio Llamazares, que ambientó una de sus novelas más celebradas en Ainielle[2], un pueblo abandonado cercano a Susín. En los años ochenta algo llevó a Angelines a la despoblada aldea de sus antepasados. Una geografía de Aragón de la época describía así la localidad montañesa: “Las viviendas están deterioradas y se distribuyen por una calle de dirección aproximada norte-sur. La iglesia parroquial sigue la pauta serrablesa y conserva únicamente el trecho de cabecera…” El Susín al que llegó la señora Villacampa en los años ochenta estaba en ruinas.

Angelines rehabilitó Casa Mallau, una enorme construcción montañesa con su viejo escudo nobiliario en la fachada, sus salones, sus alcobas, su masería con horno, su lagar para hacer vino y su hogar-cocina monumental, con una espléndida chimenea troncocónica. Su pasión reconstructiva no se detuvo en su propiedad. Angelines cada vez pasaba más tiempo como moradora única de Susín y concibió un plan para rehabilitar el pueblo entero, empezando por la iglesia de santa Eulalia. Aquello parecía una locura, un afán imposible. Pero salió adelante por el empeño personal de la tenaz “Señora de Susín”, como empezó a ser llamada. Y es que ella era, genuinamente, la señora del lugar. Angelines organizó campos de trabajo y jornadas de voluntariado para desbrozar Susín de maleza, acondicionarlo y reconstruirlo. Restauró la iglesia, la ermita de la Virgen de las Eras, la herrería, el lavadero… No se detuvo ahí y continuó con el entorno: limpió el bosque y acondicionó caminos, campos y huertos. Después recuperó fiestas y tradiciones, creó asociaciones y promovió el Concurso Pirenaico de Narración Oral, que se celebraba en la aldea anualmente. Convirtió a Susín en lugar de culto para montañeros, naturalistas, fotógrafos y escritores. A todos ellos abría la puerta de Casa Mallau, dispensándoles su hospitalidad generosa. En los días de frío Angelines los acogía junto al hogar y en los de calor los sentaba a la sombra de los árboles. Los visitantes urbanos a quienes el azar hacía caer por allí se quedaban atónitos al ver su modo de vida: sin agua corriente, sin luz eléctrica, sin calefacción, sin televisión, con una austeridad donde simplicidad y señorío se encontraban. Aquella mujer que dormía sola en medio de las montañas parecía no temer a nada. Era fuerte: sabía convivir con el silencio y consigo misma en un tiempo de ruido y de extraversión enfermiza.

El pudor impedía preguntarle el motivo por el que había elegido vivir gran parte de su tiempo sola en aquel lugar y de aquella manera. Asombraba aquella independencia feroz, aquel no exigir atención a nadie, aquel gusto por bastarse a sí misma, y más sabiendo que tenía hijos. En una generación donde primaba el modelo de madre demandante, aquella mujer era doblemente asombrosa. Su retiro en Susín y aquel modo de vida suyo estaban tan alejados de los códigos convencionales que se intuía alguna ruptura existencial seria: una crisis interior, la pérdida del compañero, una experiencia contemplativa que marca un antes y un después… algo así. Nunca nos atrevimos a preguntarlo. La Señora de Susín pertenecía a esa raza arcaica de seres fuertes que hacen parecer risibles a los “triunfadores” sociales y los “líderes” o “gurús” de cualquiera de las charlatanerías de hoy. Se sentía que ella estaba allí no sólo por amor al lugar, sino también porque este era el soporte idóneo para una vida interior intensa. Angelines Villacampa era una espiritual profunda, una contemplativa sólida. El nihilismo de nuestra época hacía que a muchos de los que se encontraban con ella se les escapara este aspecto fundamental que explicaba su carisma y su fuerza. Era algo que ella sólo dejaba ver cuando hasta sus dominios llegaba alguien afín. A veces bastaba con pedirle que abriera la iglesia, no para una visita guiada, sino sólo para estar y meditar allí. Aquello operaba, automáticamente, como signo de reconocimiento. Luego venían las conversaciones junto al fuego. La iglesia de santa Eulalia era un templo estrafalario. En el siglo XVII alguien había vuelto del revés aquella iglesia románica de piedras paganas, dejando la cabecera en los pies y el altar mirando hacia Pamplona, en vez de hacia Jerusalén. El cambio era un disparate según los principios de la arquitectura sutil que acompañaba siempre a la arquitectura física de los templos antiguos. El lugar energéticamente más potente, el ábside, fue obturado por una torre cuadrada que los constructores tardíos plantaron en él. Quedó así un pequeño espacio del cilindro absidial que pasó a usarse como sacristía. Los frescos supervivientes que cubrían esta parte de la iglesia primitiva están hoy en el Museo Diocesano de Jaca. “Los llorones de Susín”, como se las conoce popularmente, son unas pinturas simples pero poderosas. Unas figuras nimbadas, posiblemente apóstoles, lloran compungidas con los ojos elevados al cielo y las cabezas ladeadas. En su sitio Románico Aragonés el doctor García Omedes apunta a que el fragmento pertenecía a una escena de la Ascensión de Cristo. Así pues, en Susín se representaba esa tristeza, tan brutal y tan humana, de ver desaparecer de la vida física al ser más amado. O también esa pena profunda que cualquier contemplativo acaba, más tarde o más temprano, conociendo: la de experimentar lo fragmentario del contacto con lo numinoso, la de caer en la conciencia ordinaria de nuevo desde esas experiencias cumbres de apertura, la de pasar de esas iluminaciones parciales a la noche oscura del alma, a la sensación de abandono, al temor de que se haya roto el cordón que unía con la luz. Pisar el ábside de la iglesia de Susín de forma consciente era entrar en un lugar que removía esa tristeza y esa pena, inherentes a la condición humana. Y al removerlas -a veces hasta las lágrimas- obligaba a afrontarlas, a aceptarlas, a ser capaz de mirarlas frente a frente haciéndose más fuerte…

                                              Llorones de Susin

Angelines Villacampa falleció el 7 de febrero de 2013 y sus cenizas fueron esparcidas por Susín. Aprovechando los obituarios de la prensa los políticos aparecieron para prometer que el legado de aquella mujer no desaparecería y que los poderes públicos se comprometerían en la conservación del pueblo que ella había sacado de la ruina. Alguno hasta prometió que un tendido eléctrico moderno iba a llegar por fin a la aldea. Era el mismo tendido que la Señora de Susín había pedido repetidamente durante años y que nunca había llegado. A buenas horas. Como siempre.

angelinesvillacampa_susin Lápida funeraria

ROBLE FRÁGIL (Elegía a Angelines Villacampa del poeta Antonio Pérez Morte)

Necesito un refrán de aquellos
que sabías de memoria,
o de aquellos otros que dejábamos a medias,
a capricho de la memoria y la intención.
Lo necesito urgentemente para aliviar este dolor
que me atenaza y que todavía arrecia.

Hablar contigo, al lado del fuego,
de todas esas cosas importantes
que no pueden comprarse
y que tú encontraste muy cerca de aquí,
en Susín, en Sobrepuerto,
muy cerca del cielo.

Porque para vivir basta la vida,
el calor de la amistad y cuatro astillas
dos gatos, un perro,
un libro, el sol, un prado, la era,
las montañas, el cielo lleno de estrellas,
una noche de tormenta…

Necesito un refrán de aquellos.
¿El de febrerillo el loco?
Loco sí, pero no tonto:
Nos hizo un siete del calendario al alma
y te llevó, dejándonos, de nuevo,
el imborrable dolor
de los duros versos de Juan Luis Panero:
Vivir es ver morir.

Repienso:
Morir es ver morir cuando quien se va
se lleva dentro de sí, parte de ti
en una filosofía de vida basada sólo en la vida
-interior y exterior- : en el amor y en el respeto.

_______

[1] Despoblados en Huesca – Susín

[2] Julio Llamazares: La lluvia amarilla (1988), Seix Barral.

 

 

Publicado en Patrimonio cultural, Patrimonio natural | 5 comentarios

Modelo de informe sobre un problema ambiental: la destrucción del cangrejo fluvial autóctono.

Cangrejos

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

NOMBRE DEL PROBLEMA

Riesgo de extinción del cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes)

IMPORTANCIA DEL PROBLEMA

Severa, ya que esta especie que poblaba abundantemente los cauces españoles hasta mediados de los años 70 del siglo XX casi ha desaparecido y no parece haber posibilidad de revertir el proceso. Es un problema que los habitantes de las zonas rurales han visto surgir y crecer ante sus ojos. Las meriendas organizadas alrededor de grandes cazuelas repletas de cangrejos de río  eran un clásico de la vida española de hace unas décadas, especialmente en los pueblos.

DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA

1) QUÉ SUCEDIÓ

A mediados de los años 70 el sector pesquero introdujo en España dos especies de cangrejo fluvial foráneas, el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) y el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus). Aunque su calidad culinaria se consideraba menor, su potencial reproductivo era mucho mayor que el del cangrejo autóctono y eso permitía aumentar las capturas y expandir el mercado. Las especies alóctonas tienen una madurez sexual más temprana y realizan puestas de entre 100-200 huevos (el cangrejo señal) y 200-900 huevos (el cangrejo rojo) por los 50-75 huevos del cangrejo autóctono. La primera introducción se realizó en la cuenca del Guadalquivir, donde había una industria cangrejera boyante capaz de colocar su producción en los mercados mayoristas. Los animales se importaron desde Louisiana (EEUU). En 1978 se siguió el ejemplo andaluz en la Albufera de Valencia y en 1979 en el Delta del Ebro y en Zamora. A partir de aquí la colonización de los cursos fluviales españoles fue imparable y no tardaron en aparecer problemas medioambientales inesperados.

2) CUÁLES FUERON LAS CAUSAS

La brutal regresión de la población de cangrejo autóctono tuvo dos causas asociadas a la introducción de las especies alóctonas. 1) Muertes masivas por afanomicosis, enfermedad producida por un hongo que transmiten las especies foráneas, pero al que ellas son resistentes. 2) Ocupación de su nicho ecológico por las especies foráneas, más prolíficas y agresivas. Además, el cangrejo autóctono es mucho más vulnerable a la degradación de los hábitats fluviales, ya que necesita aguas puras y con abundante calcio. Las especies alóctonas, en cambio, soportan mejor la contaminación orgánica derivada de las explotaciones agropecuarias y de los tóxicos de la actividad agrícola.

3) CUÁNDO

El problema se manifestó en toda su crudeza en la década de los 80 y desde entonces la regresión de la especie se ha mantenido imparable.

4) DÓNDE

Prácticamente todas las cuencas de España y Portugal se hallan afectadas. Las pocas colonias de cangrejo autóctono que sobreviven se encuentran en la parte alta de los cauces en zonas de montaña o en áreas aisladas de las cuencas principales. Las poblaciones están muy fragmentadas, habitan zonas marginales de su hábitat previo y ocupan, además, tramos muy reducidos.

CONSECUENCIAS

Actualmente quedan poco más de 700 pequeñas poblaciones de cangrejo autóctono en toda España y la tasa de desaparición de población oscila entre un 30-50% cada 5 años. La extinción de la especie puede ser un hecho en pocos años, por tanto. Casi todos los cauces españoles están infectados por el hongo Aphanomyces astaci causante de la afanomicosis, lo que hace inviable la reintroducción de la especie, ya que su mortalidad es del 100% en contacto con este parásito. La pérdida de las poblaciones de cangrejo autóctono ha producido un aumento de la eutrofización de sus hábitats. Las especies de cangrejo foráneas han causado, además, un impacto muy negativo sobre los anfibios (por la depredación de sus huevos) y los patos de hábitos fitófagos (por la presión que ejercen sobre la vegetación fluvial). También han colonizado áreas agrícolas (especialmente arrozales) en la región de Valencia, las marismas andaluzas y el Delta del Ebro ocasionando daños serios a los cultivos y perforando acequias y motas.

QUIÉNES PARTICIPARON (BENEFICIARIOS Y PERJUDICADOS)

Como ya se ha indicado, en el origen del problema está el sector pesquero que realizó la introducción de las especies foráneas en España por criterios de negocio. En la expansión del problema ha contribuido también el colectivo de los pequeños pescadores, entre quienes la conciencia medioambiental suele ser baja. Ellos han tenido un papel activo en la propagación del hongo de la afanomicosis con sus útiles de pesca no desinfectados y, en general, no comprenden que en determinadas zonas fluviales su presencia puede ser peligrosa para la especie amenazada.

La desaparición del cangrejo común de los ríos españoles ha supuesto la pérdida de un alimento habitual en la dieta de las zonas rurales, ya que este crustáceo fluvial aportaba proteínas de primera calidad, pocas grasas y aminoácidos esenciales. Su pesca llegó a ser un complemento económico importante para muchas familias del campo. Hoy todo eso se ha perdido.

POSTURA DE LOS COLECTIVOS IMPLICADOS

Sector pesquero — La introducción de las especies foráneas aumentó el volumen del mercado del cangrejo fluvial y le generó notables beneficios. Los problemas medioambientales derivados de esa introducción no han movido al sector a toma de postura alguna.

Colectivo de pequeños pescadores — Han reaccionado negativamente a la prohibición total de pesca del cangrejo autóctono y, a pesar de las sanciones, el furtivismo sigue siendo habitual, contribuyendo a deteriorar aún más la situación de la especie.

Astacifactorías — Al objeto de que el patrimonio genético del cangrejo autóctono no se perdiera, se abrieron diversos centros de cría en cautividad. La astacifactoría que mejor funciona es la de Rillo de Gallo (Guadalajara). Todas dan por hecho que la recuperación de la especie es imposible, a pesar de ser quienes aportan los animales con los que se intenta repoblar ciertos cursos y masas de agua muy seleccionados.

Agricultores arroceros — Desde que en los años 80 los arroceros de las marismas andaluzas elevaron las primeras protestas por los daños producidos por el cangrejo rojo, las quejas del sector han sido constantes. De momento la plaga es un problema sin solución.

PROPUESTA DE SOLUCIONES

1) MEDIDAS TOMADAS POR LA ADMINISTRACIÓN Y ESTADO ACTUAL DE EJECUCIÓN

1) Prohibición de pescar el cangrejo autóctono y sanciones a los infractores. Se ha incrementado la persecución, pero el furtivismo continúa.

2) Normativa para la pesca del cangrejo rojo que obliga a sacrificar a los animales capturados nada más pescarlos para frenar su venta en vivo y su propagación. Se vigila que así sea, pero el incumplimiento sigue siendo alto porque el valor culinario del crustáceo aumenta si se cuece en vivo.

3) Planes de cría en cautividad del cangrejo autóctono y búsqueda de hábitats idóneos para su reintroducción. Los resultados están siendo pobres, porque apenas quedan hábitats adecuados dada la infección generalizada con el hongo de la afanomicosis.

4) Protección de los hábitats donde queda alguna colonia. Cualquier actividad nueva en el entorno de estas poblaciones debe ser comunicada a la autoridad competente, en Aragón al Instituto Aragonés de Gestión Ambiental.

2) OTRAS MEDIDAS POSIBLES.

Visto que el intrumental de pesca es una de las vías por las que se ha extendido la infección de los cauces con el hongo de la afanomicosis, alguna medida para actuar sobre esto (si pudiera articularse) sería de utilidad.

CONCLUSIÓN

Sea como fuere, el daño ya es irreversible. El 28 de febrero de 1980 un artículo en el ABC de Sevilla daba la primera voz de alarma. Merece la pena citar un párrafo como conclusión. “Hay quien”, decía el texto, “ha llegado a embolsarse más de 4 millones limpios con la caza y captura de unos animalitos que en el Norte se venden y se compran a precio de oro. Cinco años hace que el cangrejo rojo americano viajó a tierras marismeñas desde el estado americano de Louisiana, cinco años en los que de curiosidad ha pasado a plaga, de posible riqueza a marabunta, de especie insólita a azote descomunal. El crustáceo ha hallado en las marismas su hábitat ideal, sin competidores para procrear y desarrollarse en lagunillas y tablas de arroz. El resultado es estremecedor: el cangrejo ha roto todos los diques, todos los límites, y desde los viveros se extiende por la marisma como una pesadilla roja…” Por aquel entonces, todavía se desconocía el impacto que esta especie introducida como negocio iba a tener en la fauna autóctona de nuestras zonas fluviales y en la difusión de la afanomicosis. Hoy los daños se aprecian en toda su magnitud. Y por desgracia, son irreparables.

Publicado en Problemas ambientales | Deja un comentario

“Conociendo mi barrio”: los centros de interés de la pedagogía de Decroly aplicados a la Educación Ambiental

plaza-los-sitios

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

El psicólogo y pedagogo belga Ovide Decroly (1871-1932) propuso un modelo pedagógico que, bajo el lema “por la vida y para la vida”, defendía que la atención y la motivación de los niños en el proceso de aprendizaje dependía de que se relacionaran los contenidos que se les enseñasen con aquello que apelaba a su necesidad, su interés o su curiosidad. Los contenidos así relacionados configuraban centros de interés, en los que se buscaba tanto el respeto a las aspiraciones propias del niño como las exigencias de su necesaria formación intelectual. Decroly dividía los centros de interés en dos grandes bloques: los relativos al mantenimiento de la vida (necesidad de alimentarse, de guardarse de la intemperie, de protegerse de las amenazas, de actividad solidaria, diversión y desarrollo personal) y los relativos a la adaptación al medio próximo (conocimiento del medio, ambiente humano, ambientes animal y vegetal y ambiente inanimado). Los ejercicios que había que realizar con estos centros eran de tres tipos: de observación, asociación y expresión.

Si creamos los contenidos para una actividad de Educación Ambiental llamada “Conociendo mi barrio” de acuerdo con el modelo de los centros de interés de Decroly, un posible programa podría ser el siguiente. El barrio que se usa como ejemplo en este caso es el Distrito Centro de Zaragoza.

BLOQUE A. MANTENER LA VIDA

Tema A.1. Necesidad de alimentarse

* El aire: Respirar es la actividad más básica para mantenerse vivos. Se trataría la importancia del aire puro para la salud y para la vida y haríamos un trabajo de indagación sobre la calidad del aire del barrio consultando en la web del Ayuntamiento[i]. Se trataría también la producción de oxígeno por las plantas y se analizaría en qué lugares del barrio hay una mayor presencia vegetal. Hablaríamos, por último, de las corrientes de aire que se producen en la atmósfera al variar la presión -o sea, de los vientos- y en particular, del cierzo tan característico de la ciudad.

* El agua: Una parte muy importante de nuestro cuerpo es agua y sin incorporarla a nuestro organismo mediante la bebida y los alimentos que la contienen no podríamos vivir. Se trataría de la red de tuberías y alcantarillado del barrio, se explicaría cómo funciona la red de agua corriente, de dónde viene el agua que sale por los grifos de las casas y cómo se depuran las aguas sucias que generamos. Se hablaría también de la lluvia en relación con el barrio (su importancia para las plantas y los animales no domésticos, para la limpieza del aire y para reducir los daños de los rayos UVA solares) y más allá del barrio (los cultivos que nos permiten comer, los embalses, la producción de energía, el cauce de los ríos…). Aprovecharíamos aquí para aprender algo sobre el río que pasa por el barrio (el Huerva), soterrado en su mayor parte: dónde nace, cuál es su curso, por dónde pasa en el barrio, dónde está su desembocadura. Se podría hacer una salida al único tramo del Huerva visible a su paso por el barrio.

* La comida: en el barrio no se puede ver ningún lugar de producción directa de comida. No hay tierras de cultivo, granjas, ni lugares de envasado o transformación de alimentos. Lo máximo que hay son algunos huertos escolares en varios colegios de la zona: hablaríamos de ellos y de las especies comestibles que se cultivan allí. En el barrio la comida es, en fin, algo que se compra, así que se tratarían los diferentes tipos de establecimientos del entorno (mercados tradicionales, supermercados, tiendas especializadas, restaurantes que ofrecen diversos tipos de comida…). Las tiendas bio y el mercado de agricultores ecológicos de los sábados en la plaza del Teatro Principal servirían para tratar la diferencia entre los alimentos orgánicos y los convencionales y sensibilizar sobre la importancia de la alimentación ecológica (para la salud propia y para el equilibrio ambiental). Trataríamos, en relación con lo anterior, la importancia de una dieta sana y equilibrada y daríamos pautas de cómo comer de un modo saludable, insistiendo en la dieta tradicional mediterránea. Concienciaríamos de la necesidad de evitar o disminuir la ingesta de comida rápida o basura, y de chucherías altamente procesadas, por más atractivas que puedan resultar a menudo para los niños por sus sabores y presentaciones.

Tema A.2 Necesidad de protegerse de la intemperie

Para protegerse de la intemperie los humanos se dotan de vestido y de casas. ¿Qué tipo de establecimientos hay en el  barrio relacionados con la ropa (tiendas de venta y alquiler, tintorerías, lavanderías, sastres y modistas…)? Si en nuestra casa queremos arreglar un desperfecto de nuestra ropa o hacerla a mano, ¿en dónde encontraríamos las telas, los hilos y los útiles necesarios?

A propósito de las casas, analizaríamos cómo son las construcciones del barrio. ¿De qué elementos y materiales están hechas? ¿Cómo se diferencian de las casas de los pueblos? Puesto que gracias a las casas nos protegemos del frío en el invierno, ¿cómo las calentamos? Analizaríamos los diversos sistemas para hacerlo. En el barrio, no obstante, hay también muchos edificios viejos que no tienen calefacción. ¿A qué recurren para calentarse las personas que viven en ellos. Y en verano, ¿cómo se pueden refrescar las casas? Si hay aire acondicionado, ¿cómo se usa eficientemente? Y si no lo hay, ¿qué medidas se deben tomar para mantener las casas lo más frescas posible? Aprovecharíamos para familiarizar a los niños con algunas nociones de bioconstrucción y para concienciarlos del escaso peso de estos criterios de edificación en las casas de la ciudad. Por último, en el barrio también hay personas que desgraciadamente no tienen casa. Se tocaría la problemática de los sintecho y cómo ayudar a solucionarla.

Tema A.3. Necesidad de protegerse de amenazas

* La enfermedad es la amenaza contra la salud. ¿Dónde está el centro salud del barrio? ¿En qué hospitales reciben atención los vecinos de la zona? ¿Cómo se reserva cita en el centro de salud? ¿Cómo se da aviso de una emergencia hospitalaria? Si necesito una ambulancia ¿qué tengo que hacer? Con un listado del tipo de sanitarios que trabajan en el centro de salud, ¿sabrían decir la diferencia entre un médico y un enfermero? ¿Qué hace un médico de familia, un puericultor, un odontólogo? Si tienen que comprar medicinas ¿dónde van? En el barrio hay farmacias, parafarmacias y herbolarios, ¿cuál es la diferencia entre ellos? Y si necesitan productos de higiene personal ¿en qué establecimientos los encuentran?

* Puede haber también amenazas contra la seguridad y contra el orden. Esto es competencia de los cuerpos de seguridad. ¿Hay en el barrio alguna comisaría de Policía, algún cuartel de la Guardia Civil, algún parque de bomberos? Estos dos cuerpos y la Policía Local no tienen las mismas funciones y competencias, ¿conocen las diferencias? Intentaríamos clarificar qué es un delito. ¿Conocen delitos que hayan ocurrido en el barrio (p.e. robos, vandalismo, tráfico de drogas, atentados terroristas…). Si me encuentro en el parque un perro abandonado por su dueño o un animal extraño y tirado allí (p.e. una serpiente enorme) ¿a quién tengo que llamar? ¿Y si veo que han entrado unos atracadores en un banco o que están agrediendo a una persona? ¿Qué tengo que hacer en caso de incendio en casa o en el colegio? ¿Quién es el encargado de intervenir si se inunda un garaje o un local? En el barrio hay un par de edificios de carácter militar. ¿Saben diferenciar las funciones de los cuerpos de seguridad y de las fuerzas armadas?

* Los accidentes son las amenazas contra la integridad física. Trataríamos qué tipo de accidentes pueden ocurrir en casa, en el colegio o en las calles y lugares públicos del barrio. Aprovecharíamos para trabajar unas pautas de prevención de riesgos y de educación vial y para introducir algunas nociones de primeros auxilios.

Tema A.4. Necesidad de actividad solidaria, diversión y desarrollo personal

* Comenzaríamos sensibilizando sobre la importancia de la actividad solidaria para la vida en comunidad. ¿Qué es el voluntariado? ¿Dónde se pueden realizar este tipo de actividades? En el barrio hay una asociación naturalista que realiza actividades de voluntariado relacionadas con el medio natural (cursos de naturaleza y medio ambiente, salidas de campo, plantaciones de vegetación autóctona y vivero, cuidado de nidos de cigüeñas, actividades para niños…): aprovecharíamos para conocer en qué consiste este tipo de voluntariado e inculcar valores de aprecio e interés por la naturaleza. También hay una tienda de comercio justo llevada por voluntarios. ¿Qué es el comercio justo y en qué se diferencia del comercio convencional? Podríamos enlazar la cuestión del comercio con la actividad bancaria. En el barrio hay muchas agencias de diversos bancos, entre ellas una de lo que se ha dado en llamar “banca ética”. ¿Conocen qué es exactamente lo que hacen los bancos y los graves problemas sociales asociados a ellos de los últimos años? ¿Cuál es la diferencia entre la “banca ética” y la convencional? Se podría proponer un trabajo práctico de indagación (presencial en la oficina o en internet) consistente en averiguar qué tipo de proyectos de interés social apoya o financia la “banca ética” presente en el barrio. En el barrio también hay varios comedores sociales regentados por parroquias cristianas. ¿A quiénes se ayuda en ellos y cómo se puede colaborar con esta actividad? ¿Y con el banco de alimentos? ¿En qué lugares del barrio se pueden donar ropa en buen uso y juguetes para niños sin recursos? Terminaríamos con las actividades de voluntariado relacionadas con la atención a los mayores que se realizan en el barrio; nos servirían para tratar los problemas más frecuentes que afectan a las personas en el último tramo de sus vidas.

* En el apartado de la diversión trataríamos de los centros deportivos del barrio y las actividades que se hacen en ellos, lo que nos permitiría concienciar sobre la importancia de una actividad física regular como parte de unos hábitos de vida saludables. También tocaríamos los espacios de esparcimiento del barrio como los cines, los parques y plazas que disponen de zona de juegos y las ludotecas y centros de tiempo libre de la zona.

* En el apartado de desarrollo personal, y considerando la sabiduría de la máxima evangélica de que “no sólo de pan vive el Hombre”, atenderíamos a las necesidades espirituales que también tiene el ser humano y a las que a menudo el niño es sensible de un modo ingenuo, sí, pero también vivaz y espontáneo. La satisfacción de la necesidad de perfeccionamiento y trascendencia es básica para el equilibrio interior de la persona e, incluso, para su relación responsable con los demás y con el medio ambiente. En consecuencia, conoceríamos los lugares dedicados al culto religioso o al desarrollo espiritual que hay en el barrio (varias iglesias y monasterios cristianos, un centro budista, varias escuelas de yoga) y qué se hace en ellos. Las tres tradiciones espirituales presentes en el barrio tienen enseñanzas y figuras ejemplares que proponen un ecologismo espiritual y lo aprovecharíamos para tratar este aspecto que en otros países tiene una gran importancia dentro de la actitud medioambientalmente comprometida y al que en España, sin embargo, no se le ha prestado apenas atención hasta ahora[ii].

No olvidaríamos en este apartado del perfeccionamiento personal los lugares del barrio que nos ponen en contacto con la belleza artística (museos, galerías de arte, teatros y salas de conciertos), aquellos donde se puede desarrollar la creatividad y las habilidades artísticas y musicales y esos otros donde se tiene acceso a la cultura humanística (bibliotecas, librerías). Se podrían realizar actividades de carácter práctico en algunos de estos espacios.

BLOQUE B. ADAPTARSE AL MEDIO

Tema B.1. Conocer el medio

El medio es el conjunto de circunstancias materiales e inmateriales que rodean al individuo. Analizaríamos esas circunstancias en relación con el barrio. ¿Cómo lo ubicamos, qué elementos geográficos se pueden destacar en él? ¿Podrían orientarse con un mapa del barrio para encontrar una calle desconocida? ¿Cómo pueden desplazarse por él y comunicarse con barrios vecinos? ¿En qué época de la historia de la ciudad surgió y se desarrolló el barrio (y esto daría pie para tratar la historia de la ciudad)?  ¿Qué patrimonio histórico o cultural hay en él? ¿Cuál es su realidad social, cuáles son sus problemas? La mayoría de las calles y plazas del barrio tienen nombres de personajes o de acontecimientos históricos. Haríamos tareas destinadas a indagar en esos nombres. Las calles con nombres de personajes nos ponen en relación con diversos ámbitos del conocimiento o la actividad humana y trataríamos esos ámbitos apoyándonos en el callejero del barrio. Lo mismo haríamos con las calles y plazas con nombres de acontecimientos históricos: aprenderíamos algo de ellos y sabríamos así cómo nos ponen en relación con el pasado de la ciudad o del país.

Tema B.2 Ambiente humano

Para los niños el ambiente humano más inmediato es el de la familia y el de la escuela. ¿Cómo son las escuelas del barrio y su alumnado? ¿Qué características tienen, en qué se benefician y en qué las perjudica el medio del barrio? ¿Y las familias? ¿Cómo influye en su día a día el vivir en ese barrio y no en otro? ¿Cuáles son las ventajas, cuáles las desventajas? ¿Se relacionan sus familias con asociaciones y proyectos vecinales? ¿Quién manda en el barrio?¿De dónde han salido, y cómo han sido elegidas, las personas que ejercen los diversos niveles de autoridad? ¿Cómo es una jornada electoral en el barrio? ¿Qué es un partido político? En el barrio tienen su sede algunos. Y otro tanto los sindicatos y los colegios profesionales. ¿Qué es un sindicato, qué es un colegio profesional, cuáles son sus cometidos?

Tema B.3 Ambiente vegetal

Trataríamos el medio vegetal en 1) parques y jardines, 2) plazas, 3) calles y medianas y 4) el hogar. Aprenderíamos a conocer qué árboles y plantas nos acompañan en estos diversos ambientes y apoyados en ellos haríamos una introducción a la botánica. ¿Cuál es el papel del medio vegetal en el sistema ambiental global y en el ciclo de la vida? ¿Cuáles son las características de una comunidad vegetal? ¿Y cuáles son las partes de las plantas superiores? ¿Cómo se reproducen? ¿Qué determina que unas plantas puedan crecer en un lugar determinado y otras no? ¿Qué especies de plantas hay en nuestro barrio?

Tema B.4. Ambiente animal.

* En el medio animal distinguiremos entre los animales no-domésticos y los domésticos. Los primeros dentro de un medio urbano son, principalmente, aves, pequeños reptiles e insectos. Aprenderemos a reconocer las especies más frecuentes y, en el caso de las aves, a distinguirlas no sólo por su aspecto, sino también por sus sonidos. En internet hay páginas donde podemos encontrar, ordenadas por especies, las voces características de cada tipo de aves. Por ejemplo http://www.bird-songs.com/indexes.htm

* En el apartado de los animales domésticos, hablaríamos de su cuidado y atención, del comportamiento cívico que deben observar los dueños de animales dentro del barrio (poner cuidado con excrementos y orines, atender a que los animales no molesten a transeúntes y vecinos…), de la responsabilidad y el compromiso que exige tener un animal doméstico y aprovecharíamos para concienciar, en el caso de que se quiera tener una mascota, de la importancia de adoptar a los animales abandonados que están en los centros de acogida de la ciudad.

Tema B.5. Ambiente inanimado.

En este apartado habría que distinguir entre el ambiente inanimado natural y el artificial. Agua, luz solar, aire, suelos y elementos minerales estarían dentro del primero. Los suelos y los elementos minerales apenas se pueden trabajar en el entorno de un barrio urbano. Del agua y el aire, por su parte, ya nos habríamos ocupado en el Bloque de Mantener la Vida y la luz solar habría sido tratada someramente al hablar de la bioconstrucción. Podríamos aprovechar este tema para introducir la cuestión de las energías limpias, con una referencia más detallada a la energía solar. Haríamos una actividad práctica de construcción de un horno solar y cocinaríamos un plato hecho con productos comprados en el mercadillo de los agricultores ecológicos. Si los niños tuvieran en sus casas una terraza soleada, les enviaríamos un tutorial sacado de internet para que intentaran hacer un horno solar con su familia.

El medio inerte artificial está formado por la plétora de objetos y aparatos construidos por el hombre, desde un simple bolígrafo hasta un sofisticado satélite artificial. Un barrio urbano es un lugar lleno de seres inertes artificiales. Aprenderíamos las características que diferencian a los seres inertes de los vivos (no nacen, no se alimentan, no crecen, no se relacionan, no se reproducen, no mueren, no tienen ni instinto ni conciencia) y haríamos actividades para identificar, por ejemplo en un parque concreto del barrio, cuáles son los seres vivos, los seres inertes naturales y los seres inertes artificiales que allí podemos encontrar.

_______

[i] Para informarse de la calidad del aire en los diversos barrios de Zaragoza: Ayuntamiento de Zaragoza – Calidad del aire

[ii] En su número de noviembre de 2015 la revista Espacio humano entrevistó a Ángeles Parra, directora de la feria BioCultura y presidenta de la Asociación Vida Sana, y en el curso de la conversación sobre temas medioambientales se tocó también el tema del ecologismo espiritual y su importancia.

“P: Hay una ecología profunda, una ecología espiritual que va más allá de lo material de la comida-oxígeno-agua y de la que se hacen eco muchos líderes filosófico/espirituales. ¿Es el público sensible a este aspecto de la ecología?

R: Ahora mismo la ecología profunda es todavía algo minoritario en nuestro país. Mucha de la gente que consume alimentos ecológicos no ha llegado todavía a este punto, pero los cambios se están sucediendo con gran rapidez. En los próximos años van a convivir la gran destrucción y el ansia de participar en la regeneración de Gaia por parte de un sector cada vez más amplio de la población. Hay un estado latente espiritual que pronto generará un fuerte movimiento social, cuando caigan los viejos tópicos acerca del mundo espiritual, y que tienen que ver muy poco con la espiritualidad más verdadera y esencial. Todo se andará. Hoy por hoy, desde BioCultura, contribuimos a regenerar Gaia en lo físico y plantamos las semillas de una manera de entender el mundo y la vida que no excluye la espiritualidad, como hace el mundo moderno, sino que la incluye, y le da el valor que la especie humana le ha dado en otros momentos de la Historia, pero, como ya digo, sin los viejos clichés y sin los dogmas cansinos más propios de jerarquías esterilizantes que de una población con motivaciones espirituales profundas, por no hablar de fraudulentos líderes sectarios de los que hay que huir a toda costa”.

Espacio humano – Entrevista a Ángeles Parra

Publicado en Educación Ambiental | Etiquetado | Deja un comentario

Cuando hay patrimonio natural y cultural, pero no hay personas: el caso de las tierras del Moncayo

moncayo

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

En el verano de 2014 la RTV de Castilla y León emitió un programa dedicado a las tierras sorianas del Moncayo  dentro de su espacio “El arcón”. Aunque el tono era básicamente amable, los casi cincuenta minutos de emisión permitían ver la cruda realidad del mundo rural hoy. El territorio se vacía de presencia humana, los pueblos se mueren, los modos de vida tradicionales desaparecen y  no hay modos de vida nuevos que hayan venido a sustituirlos. La solución es difícil, porque no se trata de un problema local. La despoblación de las áreas rurales es en nuestra época un fenómeno global. Afecta tanto a los países en desarrollo con una demografía enloquecida por exceso como a los países desarrollados con una demografía enloquecida por defecto. En aquellos como el nuestro donde prima el defecto, las áreas rurales se convierten en poco más que zonas recreativas baratas para los urbanitas. El desmantelamiento del sector primario español, óbolo pagado por nuestros políticos para entrar en la Unión Europea, ha comprometido fatalmente el horizonte de las zonas rurales. El arranque subvencionado de cultivos se ha sumado al descenso poblacional para convertir fértiles vegas y campos de labor centenarios en yermos lamentables. El número siempre menguante de votos que llega desde los pueblos hace que unas clases políticas cortoplacistas y frívolas ignoren sistemáticamente el grave problema que para la vertebración del territorio supone la muerte del mundo rural. Las tierras del Moncayo no son ajenas a este problema. Están sobradas de patrimonio natural y no carecen de patrimonio cultural. Lo que les faltan son personas y modos de vida viables para las mismas.

Como dice uno de los intervinientes en el programa de la RTV castellanoleonesa, el Macizo del Moncayo “es un trozo del Pirineo puesto en el Valle del Ebro“. Esto lo dota de un peculiar valor natural, puesto que en él se encuentran los ecosistemas de montaña atlántico y mediterráneo. Altura máxima del Sistema Ibérico, el Moncayo se sitúa como macizo exento sobre el límite entre Aragón y Castilla y su territorio es compartido por las provincias de Zaragoza y Soria. Con sus cumbres de nieves perpetuas, a las que cantó el poeta Marcial, fue una montaña sagrada para los celtíberos y luego para los romanos, que la ligaron a los mitos de la presencia de Hércules en Hispania. La abundancia y la variedad de plantas medicinales, hongos alucinógenos y manantiales de gran pureza contribuyeron al valor religioso y salutífero que los antiguos otorgaron al Moncayo.

La vertiente aragonesa del macizo es espacio protegido desde 1978, cuando fue declarada Parque Natural. Tradicionalmente el modo de vida de los habitantes de estas tierras fue el pastoreo y la ganadería, complementado con la horticultura en las vegas de los cursos fluviales, la apicultura y el aprovechamiento forestal. Como en tantas otras zonas rurales españolas, en la segunda mitad del siglo XX se produjo un éxodo masivo de población a la ciudad. Hoy las tierras del Moncayo, tanto en la vertiente aragonesa como en la castellana, son un área prácticamente vacía, con una población mínima y envejecida. El programa de la RTV de Castilla y León intentaba promocionar las iniciativas que en las pequeñas aldeas del lado soriano habían intentado algunos emprendedores y gentes imaginativas para atraer visitantes y ganarse la vida. Prácticamente todas giraban en torno al turismo y los servicios de hostelería: un proyecto de “astroturismo” (observatorio astronómico más casa de huéspedes), varios restaurantes y casas de turismo rural y centros de interpretación natural o cultural. Como ocurrencia estrambótica, una familia había tenido la idea de pintar las paredes blancas de las naves y las casas de su pueblo con reproducciones en grafiti de cuadros famosos y había atraído a cerca de 2000 forasteros. La única iniciativa ligada al sector primario que se citaba era la recuperación del cultivo del cardo rojo en Ágreda. Y en la selección hecha por el programa había un solo negocio online: el de una vecina de Noviercas que vendía alimentos artesanales a través de internet.

Hace unas semanas Zaragoza Activa acogió un evento que contó con la participación de la Asociación contra la Despoblación Rural. Las tierras del Moncayo de la vertiente aragonesa tuvieron voz allí a través de personas de una de sus tres comarcas, la de Aranda. El título del encuentro – “¿Eres emprendedor? ¿Quieres cambiar tu estilo de vida? Ven a vivir a un pueblo”- fue lo bastante llamativo como para convocar a varias decenas de personas. Dos ideas básicas se manejaron tanto en la charla como en las conversaciones de corrillos posteriores. Una, que en la era del teletrabajo y los negocios online, un pueblo podía ser un lugar tan bueno como una ciudad para realizar actividades de este tipo a la vez que ofrecía otras compensaciones (vida más barata, sosiego, cercanía a la naturaleza…). Y otra, que los pueblos aún podían ofrecer oportunidades de trabajo ligadas al sector primario, el turismo rural o la prestación de servicios en una época donde el trabajo era ya para amplias capas de la población incierto, precario, mal pagado y hasta sin alma.

Desde mi perspectiva y la de mi moncayino favorito las cosas no son tan sencillas. En primer lugar, porque las personas que desean “cambiar su estilo de vida” abandonando la ciudad en favor de un pueblo suelen tener una naturaleza más contemplativa que “emprendedora”, sea esto último lo que sea. En segundo lugar, porque a menudo los pueblos pequeños tienen una carencia de servicios esenciales -escuelas, atención sanitaria cercana, comercios de proximidad, protección policial, transporte público- que disuade de asentarse en ellos. Por otra parte la vida hoy es de una complejidad agotadora. Muchos oficios rurales tradicionales han desaparecido y el trabajo en el sector agrícola y ganadero se ha rodeado de unos enrevesamientos y sinsentidos tales que ponen muy difícil comenzar en él. Antes si querías cultivar uvas y venderlas era tan simple como tener la tierra, plantar las cepas y trabajar la viña. Ahora la Unión Europea te tiene que dar permiso comprando el “derecho” a cultivar. Y lo que vendas tiene que pasar por un sistema de tributación entre confiscatorio y esotérico que te obliga a costearte a un hermeneuta para que te lo gestione. Además, el duro trabajo se paga a dos gordas mientras en el mercado las uvas llegan al consumidor final a precios de atraco. El dinero se lo llevan los intermediarios.

¿Y el teletrabajo? A priori esa podría ser una posibilidad para atraer población a los pueblos pequeños. Pero serían necesarias unas condiciones que, de nuevo, no son tan fáciles de encontrar en el medio rural. Por ejemplo, una conexión a Internet de banda ancha, imprescindible para comunicarse, trabajar, enviar y recibir información. Además, la capacitación para el teletrabajo y para desarrollar proyectos online tienen en la urbe su ambiente natural. Allí están los lugares donde formarse y los técnicos que se pudieran necesitar.

De acuerdo con el estudio del sociólogo Benjamín García Sanz “Ruralidad emergente, posibilidades y retos” (2011)[1] la realidad actual en España es que el 41% de la población activa que vive en las áreas rurales trabaja fuera de ellas desplazándose a alguna ciudad cercana para desarrollar su actividad laboral. Según el Banco Mundial, la población española que vive en pueblos es sólo del 23% y su envejecimiento es muy pronunciado. La conclusión es obvia: si sólo el 59% de los activos rurales desarrollan su trabajo en o desde los pueblos, ese neorruralismo o “éxodo urbano” del que hoy hablan algunos es, de momento, más ficción que realidad.

(Este artículo se compartió con la Asociación contra la despoblación rural)

___________

[1] Benjamín García Sanz: Ruralidad emergente, posibilidades y retos Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Madrid, 2011. http://goo.gl/Ygy5kn

Publicado en Patrimonio cultural, Patrimonio natural | Etiquetado , , , | 1 Comentario

“El misterio de la huerta de los membrillos”, un cuento para Educación Ambiental

membrillos

licencia-cc Lydia Morales Ripalda

“El Misterio de la huerta de los membrillos”  (Mercedes Rubio et alii)  es un cuento basado en el “Libro Blanco de la Educación Ambiental en España” que pretende acercar a los lectores más jóvenes algunas ideas básicas que inspiran la educación ambiental. El relato enfatiza ideas como la necesidad de responsabilidad con el propio entorno, la importancia de conocer las soluciones que se plantean desde la gestión ambiental, la cooperación entre diversos agentes sociales (vecinos, asociaciones, ayuntamientos…) y el dominio de técnicas para contribuir a la mejora del medio ambiente.

El relato infantil sirve para presentar de manera sencilla y amena todas estas cuestiones. Isabel, Mario y Enrique, los tres pequeños protagonistas, tratan de descubrir quién arroja escombros en  la huerta de los membrillos, el antiguo solar rústico del barrio que les sirve como escenario de sus juegos. Tras investigar, informarse y actuar consiguen desencadenar una solución mucho más imaginativa y favorable de lo que sospechaban al principio.En el “Libro Blanco de la Educación Ambiental en Pocas Palabras” se puede leer que “la educación ambiental es una herramienta para transformar la realidad” (p.13) y esa es la moraleja final del cuento. Una transformación en clave positiva y colaborativa nacida de la acción.

El primer objetivo de la Educación ambiental es el de sensibilizar y dotar de una mayor conciencia del medio ambiente y de los problemas conexos. El cuento refleja este objetivo a lo largo de todo el relato.

En el primer capítulo se remarcan actitudes ambientalmente positivas como la reutilización y el reciclaje de residuos, recursos y productos que hacen los pequeños para sus juegos. O sus desplazamientos por el barrio a pie y en bicicleta.

En el segundo capítulo se profundiza a la hora de presentar a los pequeños lectores actitudes ambientalmente positivas. En este caso se trata de mostrarles una forma sostenible de jugar, valiéndose de los elementos naturales, los objetos reutilizados y una buena dosis de creatividad e imaginación. Mediante el juego sostenible los niños aumentan sus conocimientos sobre la realidad ambiental. El juego en la huerta de los membrillos pone a los protagonistas urbanitas en contacto con la memoria de la vida rural y les hace conocer árboles y animales que sobreviven en ese pequeño espacio. También los ayuda a crecer de una manera más saludable a través de una forma de jugar que demanda actividad física: ejercitarse en construir una cabaña de ramas y cartones, hacer carreras de bicicletas o subirse a un árbol para observar los nidos de los mirlos.

En los capítulos tercero y cuarto el inesperado problema ambiental causado por el vertido de escombros muestra como los pequeños desarrollan aptitudes y habilidades para afrontar inicialmente la situación. Tienen que ser capaces de idear de forma eficiente una operación de limpieza del solar, de persuadir a los adultos para que les dejen las herramientas o a algún otro amigo para que colabore, de organizar el trabajo, de usar eficazmente los útiles y de realizar un esfuerzo concentrado hasta completar la tarea.

En los capítulos del quinto al octavo entra en juego la capacidad de evaluación de la situación en función de diversos factores. El vertido se repite y los niños intentan averiguar quién lo hace para denunciarlo a la Policía. Pero esta solución fría se ve sustituida por otra encaminada a promover un cambio de actitud en el infractor. El descubrimiento de que el escombrador es el padre de un amigo del colegio añade el toque humano: denunciarlo supondría hacer sufrir a toda la familia y, en este caso, se presenta como más necesario un cambio de actitud del Sr Peláez que una sanción.

En los capítulos noveno y décimo se intenta promover un pensamiento crítico, persuasivo e innovador. Los pequeños protagonistas van a buscar información (dónde se pueden llevar los escombros) e idean una estrategia persuasiva para evitar que el problema ambiental se repita. Recurren a una original idea que logra el objetivo perseguido de hacer recapacitar al infractor y frenar su conducta ambientalmente negativa.

En los capítulos finales se remarca, sobre todo, la participación y la coordinación entre agentes y, de nuevo, el paso a la acción. Después de que los medios de comunicación hubieran hecho de altavoces de la situación y de la estrategia de los niños ante ella, todo el vecindario se implica en la resolución del problema ambiental (limpiar la huerta) y en la creación de un proyecto (un espacio verde para el barrio) alternativo a lo que pretendía inicialmente la autoridad política (construir un aparcamiento). En suma, el relato intenta inculcar a los pequeños lectores todos los aspectos centrales de la educación ambiental.

“El misterio de la huerta de los membrillos”, un cuento basado en el Libro Blanco de la Educación Ambiental en España. magrama.gob.es

Publicado en Educación Ambiental | Deja un comentario

¿Qué es el medioambiente?

tierra y chismes

licencia-cc Lydia Morales  Ripalda

En el habla común el término “medio ambiente” (o medioambiente[i], como prefiere la RAE que se escriba) es para muchos sinónimo de “ecología” o de “naturaleza”. La RAE, precisamente, lo define como el ‘conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades’. En educación ambiental, sin embargo, se va más allá. El medioambiente es el sistema global formado por la biosfera, la sociosfera, la tecnosfera y la noosfera y por sus interrelaciones en permanente modificación, ya sea por la acción humana o la natural; dicho sistema global rige y condiciona la existencia y el desarrollo de la vida en sus múltiples manifestaciones. La biosfera es el subsistema que forman los seres vivos con el medio donde se desarrollan. La sociosfera es el subsistema formado por los aspectos políticos, económicos y organizativos de las sociedades humanas, que les sirven para gestionar sus relaciones internas y las interacciones con los otros subsistemas. La tecnosfera es el subsistema formado por todos los productos creados por el Hombre y que ayudan a mantener las sociedades humanas en su muy variable grado de complejidad. La noosfera, por último, es el subsistema cultural de las sociedades humanas, literalmente la “esfera de la mente”. El concepto medioambiente engloba, en consecuencia, tanto elementos naturales como artificiales. Veámoslo con algunos ejemplos.

o ¿El oso del Pirineo es medioambiente?

Puesto que el medioambiente está constituido por elementos naturales como
los animales, las plantas, el agua o el aire, el oso del Pirineo es medioambiente.
Pertenece al subsistema ecológico (biosfera) del sistema global.

o ¿Una central nuclear es medioambiente?

Puesto que el medioambiente está constituido por elementos artificiales
creados por el Hombre, una central nuclear es medioambiente. Pertenece a la
vez al subsistema socioeconómico (sociosfera) y al subsistema tecnológico
(tecnosfera) del sistema global. Utiliza, además, elementos naturales tomados
del subsistema ecológico (biosfera) para la realización de sus procesos de
transformación (uranio, agua…)

o ¿El transporte público de nuestra comunidad es medioambiente?

Puesto que el medioambiente está constituido por elementos artificiales creados por el Hombre, el transporte público de la comunidad es medioambiente. Pertenece a la vez al subsistema socioeconómico (sociosfera) y al subsistema tecnológico (tecnosfera) del sistema global. Está movido, además, por algún tipo de combustible o energía conseguido artificialmente por el Hombre a partir de elementos naturales procedentes de la biosfera.

o ¿Un parque natural es medioambiente?

Puesto que el medioambiente está constituido tanto por elementos naturales
como por elementos artificiales creados por el Hombre, un parque natural es
medioambiente. En cuanto que espacio de elementos naturales (animales,
plantas, agua, aire) pertenece al subsistema ecológico (biosfera); en cuanto que
espacio acotado por el Hombre como patrimonio natural de especial valor
pertenece al subsistema cultural (noosfera); y en cuanto que espacio dotado de
un estatuto administrativo y de aprovechamiento económico específico decretado
por la autoridad política pertenece al subsistema socioeconómico (sociosfera) del
sistema global.

o ¿La compra en el supermercado es medioambiente?

Puesto que el medio ambiente está constituido tanto por elementos
artificiales creados por el Hombre como por elementos naturales, la compra en
el supermercado es medioambiente. El acto de comprar y los espacios donde se
sustancian intercambios de compra y venta pertenecen al ámbito del sistema
productivo y las leyes económicas, o sea, al subsistema socioeconómico
(sociosfera) del sistema global. Entre los bienes que se compran y se venden hay
elementos naturales, sacados por el Hombre del subsistema ecológico (biosfera).
Hay también gran cantidad de elementos artificiales producidos por el Hombre
mediante procedimientos técnicos y pertenecientes, por tanto, al subsistema
socioeconómico (sociosfera) y al tecnológico (tecnosfera). Pero incluso estos
productos artificiales han necesitado de elementos naturales para ser
fabricados, cosa que los pone también en relación con el subsistema ecológico
(biosfera) del sistema global.

____________

NOTAS

[i] Aunque aún es mayoritaria la grafía “medio ambiente”, el primer elemento de este tipo de compuestos suele hacerse átono, dando lugar a que las dos palabras se pronuncien como una sola; por ello, se recomienda la grafía simple “medioambiente”, cuyo plural es “medioambientes”. Su adjetivo derivado es “medioambiental”: «Este tráfico origina problemas medioambientales»

 (LpzBonillo Medio [Esp. 1994]). RAE: Diccionario panhispánico de dudas, 2005.

Publicado en Educación Ambiental | Deja un comentario